mayo 13, 2022

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Accidente Línea 12: un problema estructural | Opinión

Accidente Línea 12: un problema estructural |  Opinión
Dos mujeres lloran la muerte de un amigo tras el colapso de la línea 12 del metro en la Ciudad de México.
Dos mujeres lloran la muerte de un amigo tras el colapso de la línea 12 del metro en la Ciudad de México.HECTOR GUERRERO

El colapso de una trab en la línea 12 del metro de la Ciudad de México, la lamentable muerte de 26 personas, las heridas de muchas más y los enormes daños personales y materiales ocasionados, han motivado declaraciones de nuestras autoridades locales y federales. Destacaron la necesidad de identificar a los responsables, apoyar a los afectados y encontrar formas de corregir problemas y causas. Ante todo esto, una vez más se utilizó la conocida frase «ahogó al niño, tapó el pozo». Consta de dos elementos explícitos. Emocionalidad, referida a la muerte de un menor y la objetiva, relacionada con las condiciones del suceso. Sin embargo, hay uno más que corresponde a la previsibilidad del resultado. El ahogamiento del propio niño dada la disposición del pozo o sus elementos humanos y materiales. Es este elemento implícito el que acaba por dar sentido a la oración. Se centra en el reproche dirigido a quienes, pudiendo o por prever los efectos negativos de una situación, poco o nada han hecho para evitarlos.

En cuanto a la tragedia de la Línea 12, en las próximas semanas veremos el trillado rito nacional. Al hacer y decir paradójico y contradictorio de las autoridades y al silencio y evitación de empresas relacionadas. Se anunciarán los apoyos y tarifas. Además, opiniones y estudios de expertos. Los atropellos crecerán a medida que se acerquen las elecciones. Para variar, se emitirá la ya sacrosanta declaración de que, «ahora y siempre», se alcanzarán las consecuencias finales. Por la calidad de las figuras públicas y privadas involucradas, las condiciones políticas del espacio territorial en cuestión, las operaciones realizadas y los acuerdos que se hicieron para ocultarlas, es poco probable que lleguemos, y mucho menos a la última, pero ni siquiera a la primera. Consecuencias. En todo caso, veremos algunas renuncias y despidos. La calidad pública y general del evento será privatizada e individualizada con el pago de una indemnización. Esta tragedia desaparecerá como las demás. Como aquellos que en su día generaron las mismas pasiones, declaraciones similares y las mismas o peores indignaciones.

Para no resignarnos a vivir una vez más los rituales conocidos y no tener que repetir una y otra vez la triste frase del niño y del pozo, preguntémonos por las condiciones de posibilidad del evento metropolitano. ¿Qué lo causó? Más allá de las denuncias de corrupción e incapacidad de las instituciones y entidades públicas y privadas involucradas, no existe un marco regulatorio adecuado para la ejecución de obra pública en la Ciudad de México. Esto se debe a que parece que en el proceso de transición de una dependencia del gobierno federal (Distrito Federal) a una entidad federativa autónoma (Ciudad de México), se ha olvidado la transición y las regulaciones correspondientes. Es como si no hubiera sido posible o querido trascender de lo federal a lo local, quizás para mantener los privilegios del primero sin asumir las responsabilidades del segundo.

Lo que acabo de decir sobre las obras públicas es aplicable a las privadas. Tomo el ejemplo de los terremotos. Frente a los graves efectos producidos por los fenómenos telúricos, se utilizó la frase del niño y el pozo como ahora con el versículo 12. La narrativa se insertó en el mismo armamentarium declarativo que, inevitablemente, delimita el horizonte de llegada en las consecuencias últimas. . Antes de anunciar su llegada, culpan especialmente a la calidad de los edificios, la falta de supervisión de las obras o la irresponsabilidad de autoridades, propietarios y constructores corruptos. Lo que ya no está tan expuesto son las condiciones de las normas legales con las que los elementos originales intentan regularse. Los propios edificios y sus aspectos relacionados.

Como ocurre con el público, existen serios problemas legales en el trabajo privado. La Ciudad de México tiene un reglamento de construcción como base general para los edificios. Este fue emitido por primera vez en 1924 y actualmente se encuentra vigente el publicado en 2004, con importantes cambios entre 2016 y 2019. Independientemente de si este último se actualizó debido a los terremotos de 2017, lo cierto es que de ninguna manera cumple con los importantes cambios al artículo 122 de la Constitución de enero de 2016, y menos aún, con lo dispuesto en la Constitución del Municipio de noviembre de 2019. Esto se debe a que, en primer lugar, la fuente normativa de las edificaciones debe ser la ley y ya no un reglamento; además, por qué tal ordenanza debería desarrollar las disposiciones de varios preceptos constitucionales locales sobre los derechos de las personas y los poderes de las autoridades locales; finalmente, porque es necesario introducir a la Ciudad de México en el complejo mundo de relaciones que se esperan en el ámbito de la edificación entre la Federación y los órganos federativos.

Lo que existe hoy en la capital del país en cuanto a construcciones y edificaciones públicas y privadas es desorden y atraso. La primera, por las ausencias y superposiciones de la normativa vigente. El segundo, por la falta de adecuación a los marcos constitucionales nacionales y locales. Estamos ante un defecto que, sin exagerar, bien podemos llamar estructural. De aquellos que, por sus propias carencias técnicas, impiden la construcción del resto de elementos que deberían tener soporte en ella. Continuando con las metáforas de la ingeniería, el desorden y las ausencias existentes impiden la determinación de los espacios de construcción, las calidades de los materiales, las secciones de supervisión, los sujetos de responsabilidad y muchos otros elementos inherentes a los que deben regir las edificaciones.

Decía al inicio de esta colaboración que lo más interesante de la frase sobre el niño ahogado y el pozo es lo que no se expresa en su pura textualidad. Sabiendo que a pesar de que se conocían las posibilidades de ahogamiento, no se hizo nada para evitarlo. En los próximos días, los accesorios se mostrarán en la línea 12 sobre lo que sucedió antes, durante y después del accidente. Esto no cubrirá el pozo en el que, lamentablemente, ya han caído muchas personas. Lo único que evitará, y evitará que otros caigan en el futuro, es comenzar con el ordenamiento normativo de todo el fenómeno de la construcción en la Ciudad. Trabajar con técnica y determinación es una forma de decirle a los afectados que sus autoridades están enfocadas en establecer medidas de no repetición para todos los que no debíamos abordar esos vagones.

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