septiembre 28, 2022

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Cali: explicaciones para una ciudad sitiada | Opinión

Cali: explicaciones para una ciudad sitiada |  Opinión
Un grupo de personas protesta la noche del 11 de mayo de 2021 en el barrio Siloé de Cali.
Un grupo de personas protesta la noche del 11 de mayo de 2021 en el barrio Siloé de Cali.Ernesto Guzmán Jr. / EFE

Con camisa blanca y jeans, sin más arma que un teléfono celular, Mónica Almanza se paró frente al autobús que conducía minga indígenas y han detenido su marcha. Intentaron apartarla y ella no la soltó. «Dispárenme si quieren», les dijo. La atacaron y la arrastraron al suelo.

Sucedió en Cali, la tercera ciudad más grande de Colombia, cuando miembros de las comunidades indígenas del Cauca, provincia del sur del país, querían apoderarse de una zona residencial y comercial. Habían pasado once días desde el paro nacional; de marchas pacíficas, pero también de vandalismo y bloqueo de las vías de acceso a una ciudad de tres millones de habitantes. ¿Por qué?

Una primera hipótesis es la social. Datos oficiales indican que la pandemia ha empobrecido a la provincia del Valle, cuya capital es Cali. La pobreza monetaria pasó del 24 al 34%. Pero Cali todavía está en el 4 de 20 que es mejor; el promedio nacional es 42,5% y Bogotá es 40%. Y el desempleo en Cali, en marzo, fue del 18,7%, levemente superior al nacional pero menor en Bogotá, que fue del 20,1%. Sin desconocer que Cali es una ciudad con mucha pobreza y desigualdad, no parece ser fuerte argumentar que las protestas fueron más complejas en ella por sus problemas sociales.

Una segunda hipótesis es la provocación policial. Organismos internacionales y medios de comunicación han centrado su mirada en Cali sobre posibles excesos de autoridad; No hicieron falta varios países para condenar al gobierno. Sin reconocer la existencia de casos de posibles abusos bajo investigación, el agradecimiento de la gente de Cali a la policía antidisturbios es enorme. Las imágenes de él siendo aclamado como un héroe mientras se abre paso por la ciudad son reveladoras. Por tanto, la tesis según la cual la Fuerza Pública ha exacerbado el ánimo de los manifestantes no resulta convincente. Además, Cali sigue exigiendo la presencia de policías y militares y el restablecimiento del orden.

En el video, el ataque a Mónica Almanza, cuando se encontraba frente al autobús conducido por la minga indígena.FOTO: EFE | VIDEO: EPV

Una tercera explicación es su posición. A una hora al sur de Cali se encuentra Cauca, cuya capital es Popayán. El norte de la provincia alberga algunos de los principales laboratorios de cocaína, y a dos horas se encuentra Buenaventura, el principal puerto del país en el Pacífico, eje Litoral, y cuyos anchos ríos son el punto de entrada de armas y precursores químicos y la salida. por la cocaína. En Cauca hay un asentamiento de narcotraficantes, disidentes de las FARC, ELN y comunidades indígenas, incluido el que marchó a Cali. Las autoridades señalan que los hechos en Cali no fueron solo la presencia de grupos armados ilegales, dinero y armas del narcotráfico.

Una cuarta explicación es la falta de previsión. Cali fue una de las ciudades más afectadas por vandalismo y bloqueos en la huelga de 2019. Era de esperar que sucediera algo similar. Pero no se han tomado las medidas adecuadas para evitar el bloqueo de las vías de acceso, proteger las estaciones y autobuses de transporte masivo, edificios públicos y comercio. La inteligencia estatal es cuestionada o, en su defecto, no actuó si existía información. Y cuando el alcalde, como jefe de policía, autorizó a la brigada antidisturbios a tomar las calles, la ciudad estaba en llamas. Se señaló la falta de liderazgo y coherencia.

Es decir, la razón por la que el paro nacional fue más intenso en Cali no parece radicar en su situación social o en una provocación policial, como algunos señalan. El dinero y las armas del narcotráfico y la guerrilla, y la falta de previsión de las autoridades, explicarían mejor lo sucedido. Pero todavía es insuficiente; se debe tomar una mirada mucho más amplia.

La reforma tributaria del gobierno de Iván Duque terminó siendo un pretexto para avivar las marchas, porque una vez retirado el Congreso no se levantó la huelga. Por el contrario, se ha ampliado en el tiempo y se ha añadido el bloqueo de los transportadores. Lo anterior sugiere que hay un propósito diferente: debilitar al gobierno ya la derecha de cara a las elecciones de 2022. La estrategia es una parálisis prolongada y sistémica, de la que se responsabiliza al gobierno.

Esto no quiere decir que no haya inconvenientes ni motivos para marcharse. El año pasado fue difícil. Colombia inició 2020 con proyecciones de crecimiento de 3.4%, por encima del promedio mundial. Era un país optimista, que en las últimas décadas había logrado reducir la pobreza y elevar la clase media, reducir la delincuencia, triplicar el turismo extranjero, unirse a la OCDE y firmar un acuerdo de paz con las FARC, no sin polémica.

Pero al igual que otros países, la desaceleración económica causada por la pandemia ha sumido a 3,5 millones de personas en la pobreza. El gobierno ha implementado varios programas para apoyar a los más vulnerables y evitar despidos masivos en las empresas. Iniciativas que paradójicamente aspiraban a seguir financiando con la desbordante reforma fiscal y que, según serios centros de investigación económica, ha sido de las más progresistas de las últimas décadas.

La protesta social es un derecho fundamental. La pregunta es si debe ocurrir con violencia y violando los derechos del resto de la población, como en el caso de Cali; Derechos humanos que, a juicio de la mayoría de los caleños, poco cuentan en el exterior. Los alimentos, los suministros médicos y el combustible caen cuando los obstáculos lo permiten. La gente está siendo secuestrada de sus hogares. Si algo así sucediera en Vancouver, Las Vegas, Ámsterdam, Ginebra o Barcelona, ​​con una población similar, ciertamente se vería diferente.

Cali ha vivido momentos difíciles y los ha superado gracias a la resiliencia de sus ciudadanos. No en vano es una ciudad pujante y emprendedora, sede de importantes multinacionales, líderes nacionales en diversos sectores, con universidades y hospitales regionales de primer nivel, fuerte liderazgo social y sindical. Pero sigue sitiada, a la espera del restablecimiento del orden y sus derechos, un diálogo con grandeza y una mirada objetiva desde fuera.

Francisco José Lloreda Mera Es exdirector del diario El País de Cali, exministro de Estado y doctor en Política por la Universidad de Oxford.