enero 20, 2022

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Cambios de gobierno: González Laya, sacrificado para reconciliarse con Rabat | España

Cambios de gobierno: González Laya, sacrificado para reconciliarse con Rabat |  España
Arancha González Laya, en el Palacio de Santa Cruz, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Arancha González Laya, en el Palacio de Santa Cruz, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores.Samuel Sánchez

El día en que el jefe de la diplomacia marroquí, Naser Burita, declaró que «no hay contacto con España», la suerte de su homóloga española, Arancha González Laya, estaba condenada al fracaso. No solo por el hecho inusual de que un canciller niegue públicamente a otro -su homólogo español había asegurado que existían contactos discretos entre los dos países- sino porque destacó que este último había dejado de ser un interlocutor válido para Rabat. La crisis provocada por la recepción en España del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, tuvo varios efectos secundarios, pero el más grave fue la pérdida de confianza entre los gobiernos de ambos lados del Estrecho.

Sin confianza, todos los demás problemas que marcan la compleja relación bilateral con Rabat, desde la inmigración irregular hasta la cooperación antijihadista, son mucho más difíciles de abordar. La decisión de acoger a Gali por razones humanitarias fue arriesgada, pero el error no fue advertir a Marruecos. La propia Laya lo reconoció implícitamente cuando informó al país vecino de la salida del líder saharaui, una vez que el covid se había recuperado de su grave estado. «Un canciller que no puede hablar con Marruecos puede ser muy bueno, pero no es útil», reflexiona un veterano diplomático.

El currículum de este vasco de 52 años, nacido en San Sebastián y criado en Toulouse, fue inmejorable. No había nadie más dispuesto a dirigir una política exterior que quisiera reproducir en los grandes foros multilaterales. Políglota (habla seis idiomas), ha desarrollado la mayor parte de su carrera en organizaciones internacionales: trabajó en la Comisión Europea, fue Jefa de Gabinete del Director de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y Directora Ejecutiva del Centro de Comercio Internacional de la ONU . Sánchez la firmó en sustitución de Josep Borrell, nombrado Alto Representante de la UE, y al frente del Palacio de Santa Cruz impulsó la nueva Estrategia de Acción Exterior, que lleva la impronta de una feminista.

Su mayor éxito fue el acuerdo de Año Nuevo, con el que España y el Reino Unido establecieron el nuevo marco para las relaciones entre Gibraltar y la UE una vez finalizado el Brexit. El acuerdo estipula que la colonia británica se incorporará al espacio europeo sin fronteras -aunque no sea el tratado de Schengen- lo que significa que los españoles podrán entrar libremente en la Rocca, y viceversa, mientras que los británicos deberán pasar un control de pasaportes. . Las consecuencias de esta nueva realidad solo pueden evaluarse a medio plazo. Primero, la Comisión Europea y el Reino Unido tendrán que traducirlo en un tratado.

Lo que asfixiaba a González Laya era el día a día del ministerio. La demora en el nombramiento de nuevos embajadores dejó algunas misiones diplomáticas, como la de Londres, vacantes durante meses, justo cuando más se necesitaban. Solo el interés en supervisar personalmente todas las decisiones de su departamento explica que se haya generado un cuello de botella que ha acabado afectando su funcionamiento.

Sin embargo, nada de esto habría acelerado su caída si no se hubiera producido la crisis con Marruecos. Sánchez ha decidido sacrificarlo para retomar el diálogo con el país vecino. Ahora es necesario que Rabat interprete correctamente la decisión: ni un castigo ni una rendición. Pragmatismo puro.