mayo 13, 2022

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Chucho Valdés, bailarines de jazz cubano y conga dentista | Blog Más se perdió en La Habana

Chucho Valdés, bailarines de jazz cubano y conga dentista |  Blog Más se perdió en La Habana

En La Habana puede pasar cualquier cosa. Esto es bien conocido. Lo mismo que encuentras en un hotel preparando bocadillos para un ingeniero extractor de hidrocarburos que se graduó de la Universidad del Petróleo de Bakú, que para un militante comunista que hace brujería con un amigo. escurreplatos para «poner el mundo patas arriba» para su exmarido y «el otro», o te encuentras con un grupo venerable de bailarines de jazz que se han atrincherado durante más de medio siglo para defender su gusto por la música estadounidense, incluida la oscuridad épocas en las que el Jazz estaba mal visto en Cuba y se consideraba casi un ritmo enemigo. Otro día te duele la muela y vas al consultorio dental, y te encuentras al pianista Chucho Valdés en el sillón de torturas hablando animadamente con un técnico dental que compone música popular en sus ratos libres, y Chucho va y le dice que la última conga enseñó «es muy bueno» y que lo incluirá en un próximo disco que tiene previsto hacer con su padre, el gran Bebo Valdés. Pasan unos meses y Chucho graba La conga del dentistay además de eso, el álbum gana un premio Granmy.

La anécdota se remonta a 2007 y tuvo lugar en el consultorio del Dr. Mario Gallo, excelente profesional y maestro de generaciones de dentistas cubanos. Gallo también fue un gran jockey, dueño de un humor criollo que te hacía reír a carcajadas aunque te matara con la rueda. Quería poner un cartel en su cubículo que dijera: «Si quieres sufrir como un caballo, ven a la consulta del doctor Gallo». Pero no lo dejaron.

Bailarina de Santa Amalia.


Bailarina de Santa Amalia.

Un día, visitándolo sin previo aviso, Gallo terminó saliendo con Chucho Valdés y esto dio lugar a una conversación que se convertiría en uno de los principales escenarios del documental. Música en vivo, dirigida por el director español Manuel Gutiérrez Aragón. El pianista seguía bajo los efectos de la anestesia y, mientras Gallo bromeaba, surgió el tema de los bailarines de Santa Amalia, buena gente donde quiera que estén. El grupo estaba, pues, formado por una veintena de amigos que se conocían desde los años 50 y se reunían una vez al mes para bailar al ritmo de Dizzie Gillespie, Sarah Vaughan, Nat King Cole o Duke Ellington, aunque esas descargas también podían acabar con un mambo malvado. La pregunta tenía que ser abordada balancearse.

El impulsor de esos clubes fue un carismático tabaquero llamado Gilberto Torres, quien a principios del siglo XXI enfermó y en su lecho de muerte hizo que su hijo Willanga y su amigo Lázaro juraran acudir a las citas en su casa de Santa Amalia mientras él solo estaba uno de los bailarines seguirá vivo. Chucho estaba emocionado. No solo los conocía y se consideraba su amigo, sino que él mismo y su familia habían vivido durante años en el barrio de Santa Amalia y recordaba a la perfección las fiestas que se realizaban en esa casa, una vieja tienda de abarrotes que Gilberto bautizó como La Angolo del jazz y que también fue visitado por Gillespie durante uno de sus viajes a Cuba.

Los bailarines dijeron que en algunas ocasiones, a fines de los sesenta, esas peñas terminaron siendo interrumpidas por la policía y con todos en la comisaría por «desvío ideológico» más que por tocar música a todo volumen. Chucho recordó desde ese momento que él mismo fue uno de los fundadores de la Orquesta Cubana de Música Moderna, un conjunto de jazz de toda la vida creado en 1967 al que hubo que poner ese nombre para disfrazarlo. Así que fue así.

Bailarines de Santa Amalia.


Bailarines de Santa Amalia.
Bailarines de Santa Amalia.


Bailarines de Santa Amalia.

Le dije que estaba trabajando en el guión de un documental que pretendía rendir homenaje a los bailarines de Santa Amalia, ya en sus setenta, y así ayudar a preservar su memoria. Chucho, que además de ser uno de los más grandes pianistas de jazz de todos los tiempos es alma de Dios, estuvo dispuesto a colaborar en lo que fuera necesario. No hacía falta pedir mucho a Gutiérrez Aragón para acceder a dirigir Música en vivo, a pesar de que el director había dicho una vez que debido al estado deprimente al que estaba llegando la profesión, habría abandonado definitivamente el cine para dedicarse a la literatura. Si Chucho estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por los bailarines, ¿cómo no iba a estar Gutiérrez Aragón, de padre cubano y enamorado de la música isleña desde su más tierna infancia?

El director conoce así la historia de Juan Picasso y Roberto Manzano, dos carismáticos bailarines del grupo, que acabarán convirtiéndose en los principales protagonistas de la película. También a la pareja compuesta por Lázaro y Naemí, Papito la maestra de tap y Paulina la espiritualista, quienes tenían un altar en su casa con velas, crucifijos y vasos de agua, en el que, según dijo, vivían las almas de Billie Holliday, Ella Fitzgerald. y otros grandes personajes del jazz, así como otros muertos suyos, a los que presenció de vez en cuando tomando un sorbo de brandy y humo de tabaco de La Habana. Chucho y Pablo Milanés, que también fueron partícipes del documental, no debían ser presentados a Gutiérrez Aragón, ya que llevaba ocho años como presidente de la SGAE, los conocía muy bien.

Desde el primer momento, Manzano y Picasso enamoraron al director de sus historias. Con ellos recorrió los míticos lugares de la ciudad donde el grupo iba a descargarse en los años 40 y 50, como el bodegón de Goyo o el famoso Isora Club, en via Melones, barrio de Luyanó, que habría sido el contrabajo. Jugador Israel Famoso López Cachao con un danzón del mismo nombre escrito por su hermana Coralia.

Disparo de


Rodaje de «Música para vivir», en La Habana en febrero de 2008. De izquierda a derecha, Roberto Manzano, Manuel Gutiérrez Aragón y Juan Picasso.

Al director le encantó que Manzano contara la historia de cuando terminó en la unidad policial acusado de «penetración ideológica». “¡Penetrado con lo que, vaya mierda, lo que me gusta es bailar jazz!”, Le respondió al guardia.

Pues bien, la jornada de rodaje empezó en febrero de 2008, y con una finalidad inigualable. Uno o dos días antes, Fidel Castro, quien renunció provisionalmente a su cargo en 2006 debido a una grave enfermedad, había anunciado oficialmente su decisión de retirarse del frente político. La noticia dio la vuelta al mundo y, bajo la presión de la redacción madrileña, este periodista desistió de su trabajo, abandonando el rodaje. De vez en cuando llamaba a Aragon al ajustado a para ver cómo iban las cosas.

– ¿Qué dice la gente de Fidel?

– Oye, aquí nadie dice nada. Dicen que no han visto televisión.

– Amigo, Manolo, pregunta …

-…. Ya he preguntado y nada … La gente se encarga de sus cosas. Y trabajamos.

Visita del pianista Chucho Valdés al dentista para hablar sobre la música de «Conga en Cuba», dentro del documental «Música para vivir».



Pasaron los días y llegó el día de rodar la escena de Chucho con el Dr. Mario Gallo y el técnico dental Osmani Valdés, autor de la conga – y que no es de la familia del pianista a pesar de su apellido. Se requirieron más permisos para filmar dentro del hospital que para ingresar a una unidad militar, pero finalmente se obtuvieron. Chucho, ganador de una decena de premios Granmy, se dejó llevar como un santo y la ficción terminó de manera delirante, con Chucho aplaudiendo en la silla del paciente, Gallo haciendo llaves con herramientas dentales y Osmani, diente en mano, que canta el estribillo. : «Ven a bailar, vamos a rodar / esta rica conga para que pueda entretenerte».

La conga del dentista es el argumento que cierra Juntos para siempre, un disco producido por Fernando Trueba que es muy especial para Chucho, porque en esa sesión magistral dos pianos padre e hijo repasaron la música cubana que han tocado juntos en casa toda la vida. Fue el octavo y último álbum que Trueba compuso para su gran amigo Bebo (ganaron tres premios Grammy y seis premios Grammy Latinos más) y salieron a la calle con una portada retrospectiva diseñada por Javier Mariscal.

Música de «La conga del dentista», del disco de Trueba.



En 2010 Juntos para siempre ganó el Granmy al Mejor Álbum de Jazz Latino en 2010 y los bailarines de Santa Amalia experimentaron el premio como su propio éxito. Ellos eran felices. Manzano y Picasso vinieron a bailar a Santa Amalia en una de esas legendarias peñas, a las que siempre venían los jóvenes a descargar con los veteranos. Hoy los dos, y también Bebo, ya están jugando en otro mundo, pero aquí está esta historia.