mayo 13, 2022

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Colombia: las últimas horas del uribismo | Opinión

Colombia: las últimas horas del uribismo |  Opinión
Un policía lanza gases lacrimógenos a los manifestantes durante el paro contra la reforma tributaria en Cali.
Un policía lanza gases lacrimógenos a los manifestantes durante el paro contra la reforma tributaria en Cali.Andrés González / AP

En medio de la protesta, su degradación, las violaciones a los derechos humanos, el retiro de la reforma tributaria parece haber desbordado la copa de la indignación en Colombia y la búsqueda de una vía de consensos, acuerdos y espacios para la escucha. No puede haber otra forma por ahora, que no sea encontrar dentro de las múltiples propuestas que se han hecho, un texto técnico sensato que nos permita dar solución a las principales necesidades económicas que atraviesa el país. Pero ese no es el resultado final. Y el fondo debe hacerse visible o de lo contrario, como se recicla la violencia, el brote no se detendrá.

«Que somos buena gente», dijo el presidente Iván Duque en un discurso en el séptimo día de protestas en Colombia, cuando muchas ciudades están sin comunicación entre sí, sin alimentos y sin oxígeno, debido a los bloqueos de los indignados de varios sectores. . No es fácil saber a qué se refiere. Bueno, las llamadas buenas personas reconocen sus defectos, castigan a quienes violan los derechos de los demás y no los aplauden.

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Voy en parte, porque en este mar de violencia de ambos lados, hay diferentes explicaciones de lo que nos está pasando y las consecuencias. Uno de ellos es que el uribismo está a la vanguardia en sus últimas horas. El golpe a su permanencia en el escenario electoral lo da la calle. El Presidente de la República no cree que sean buenas personas, hambrientas o necesitadas, para hablarles, sino una violencia que se escuda en justificaciones políticas, sin decir quiénes son, porque sus sentencias están incompletas o porque tienen miedo de declararse culpable porque no lo saben ni siquiera sabe quiénes son los violentos a los que se refiere. Y si lo sabe, prefiere hablar desde un lado y no desde el frente.

Y es importante decir que se equivoca, porque las verdaderas soluciones dependen de su aproximación. La protesta es contra su gobierno y es un cobro de cuentas hervidas ante la decisión de eludir la paz territorial, ante el discurso del Centro Democrático de Confrontación, de ese partido que niega a las víctimas de la violencia pasada y presente, y que ha hecho un política de construcción para evitar para siempre la distribución de tierras, que sus partidarios ni siquiera pudieron mantener, porque ahora está bajo el control de otras bandas criminales de narcotraficantes.

Y es por eso que su discurso político intenta poner a anarquistas y grupos violentos con taxistas, comerciantes, estudiantes o camioneros, en la misma red, en la misma bolsa, esa buena gente. Diferenciar los motivos significaría reconocer que esta nueva protesta surgió tras el asesinato de Javier Ordóñez el pasado mes de septiembre por un policía y que la reforma de la institución no se concretó. Significa reconocer que no hay gobierno ni conciencia para entender que llegaron a gobernar un país que estaba en profunda bancarrota luego del acuerdo de paz con las FARC y necesitaba más liderazgo para sanar sus heridas.

La CIDH ha aclarado cuáles son las obligaciones internacionales del Estado en materia de seguridad interna y estándares interamericanos que contemplan las tareas de las fuerzas armadas. Debe ser extraordinario, regulado, supervisado y subordinado. No es otro que Naciones Unidas, el Departamento de Estado, miembros del Congreso de Estados Unidos y la Unión Europea, expresándose en un solo día sobre lo que han calificado de brutal y desmedido en el manejo de la protesta. Precisamente porque existe un término llamado proporcionalidad, que debe quedar claro para las autoridades llamadas a responder por la institución.

¿Y por qué es importante poner puntos en las íes ahora mismo? Porque si desde las redacciones, que ahora son nuestros hogares por la pandemia, nos dedicamos a denunciar a jóvenes asesinados por policías, sin descubrir los rostros e identidades de los violadores de derechos humanos, no habremos hecho nada.

Si no podemos decir también que en la violencia armada desde hace mucho tiempo hay una amalgama de saqueadores, milicias y disidentes del ELN y otros delitos de tráfico de armas y drogas, pero no pedimos que quienes lo denuncian, las pruebas, estamos alimentando la del Ministro de Defensa. narrativa, según la cual todo es una trama política criminal. Lo que nos corresponde es preguntarle sobre los abusos de los hombres que le fueron confiados y las razones por las que estos crímenes son capaces de desestabilizar todo sin que la policía pueda prevenirlo.

Las voces que se ofrecen para servir en tiempos de crisis, muchas de las cuales han contribuido a ellas, no entienden que Colombia tiene una realidad muy compleja en este momento, resultado, como escuché de la periodista María Alejandra Villamizar, «de un hecho». – democracia en un país que, como tantos otros en América Latina, no da una respuesta real a los problemas de la gente, donde hay poca política, política real ”. No es más que ver El Salvador de Nayib Bukele.

Y si el mensaje no fue entendido por el uribismo, que incluso en sus cimientos más radicales terminó por no rodear a su presidente y revelando sus discapacidades, el Congreso y su pobre trabajo por parte del pueblo con pocas excepciones, y las cortes cooptadas por los gobiernos de El tiempo, y partidos políticos como Colombia Humana y su nueva permisividad al clientelismo, los de Cambio Radical, los liberales y todas las tonalidades, tendrán que entender que el país también está incendiado por todos.

Esos espacios anunciados por Iván Duque para escuchar a la ciudadanía son un escenario abstracto, si no con organizaciones sociales, con líderes sociales. Y esto parte de reconocerlos como interlocutores, como buenas personas. No puede seguir ofreciendo un país con futuro, si es incapaz de reconocer el pasado, el conflicto, y si no sale de su presente autista, porque lo cierto es que al menos para el uribismo, las oportunidades en Colombia se han agotado. fuera. Ni siquiera los partidos de la llamada Coalición de la Esperanza pueden incidir en los diálogos cuando de ellos deben salir un mínimo de acuerdos humanitarios para que el oxígeno llegue a los hospitales donde cada día casi 500 colombianos siguen muriendo de Covid. No es momento de condiciones ni plazos.

No nos pidas más indiferencia. Es usted, el gobierno, quien debe lograr la calma mientras investigamos por qué la inacción del estado, quiénes son los vándalos, a qué sirve lo que está sucediendo, cómo podemos responder con verdad a la información que sirve a la gente de en medio para este dolor de la patria.

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