mayo 13, 2022

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Colombia necesita una cooperación diferente | Red de expertos | Planeta futuro

Colombia necesita una cooperación diferente |  Red de expertos |  Planeta futuro

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El acuerdo de paz de 2016 entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC en Colombia tenía como objetivo facilitar la reforma del Estado, estructuras económicas arcaicas (especialmente en el sector rural) y políticas discriminatorias. La cooperación internacional se volvió masivamente a favor del Acuerdo. Cuatro años después, los acuerdos sobre reforma agraria, sustitución de cultivos de coca y participación política están estancados.

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Entre 2019 y 2020 hubo manifestaciones masivas en Colombia. Se pidió al gobierno de Iván Duque que respetara el acuerdo de paz. Además, combatir la corrupción, contar con sistemas públicos de salud y educación eficientes y universales, a favor de un sistema tributario justo, contra el incumplimiento de los acuerdos con las comunidades indígenas y afrocolombianas, detener la violencia de género y enjuiciar a los responsables de homicidios sociales. líderes.

La imagen que abarca casi todas las declaraciones es la desigualdad. Colombia tiene la brecha de ingresos más grande de América Latina y esta es la región más desigual del mundo. Aunque ha disminuido desde 2016, tiene un alto nivel de violencia política (selectiva y creciente contra líderes sociales y excombatientes de las FARC) y social (delincuencia, agresión sexual, explotación infantil), exclusión de minorías y crisis humanitarias.

El crimen organizado se ha fortalecido desde 2017, compitiendo entre sí y con el estado por los territorios abandonados por las FARC. La corrupción, la evasión fiscal y de capital, la falsificación de precios en las operaciones comerciales y las exenciones fiscales para las grandes corporaciones y fortunas constituyen un drenaje sistemático de los recursos estatales.

Todo esto concuerda con el hecho de que, en cerca del 40% del territorio nacional, las instituciones estatales no existen o son muy débiles. No hay jueces ni policías. Las escuelas y los centros de salud escasean, las carreteras son intransitables, Internet una palabra sin contenido. En muchos casos hay soberanía compartida entre el crimen organizado y las autoridades frágiles. Cada nuevo gobierno manda al ejército que viene, lucha y se va. Recientemente, la zona fronteriza entre Colombia y Venezuela se ha convertido en un campo de batalla sin que ninguno de los dos estados tenga el control.

Revise los fundamentos

Covid-19 ha destacado esta realidad. En muchas áreas de Colombia, el estado no tiene la capacidad de saber quién está infectado, ni hay suficiente infraestructura para los enfermos. La economía informal alcanza el 45% en las ciudades y más del 80% en el campo. Quienes forman parte de ella no reciben ayudas y salen a la calle para ganarse la vida. La tasa de pobreza aumentó del 31,7% al 38,7% de la población en 2020.

Los actores de la cooperación internacional esperan que temas como la desigualdad, la reforma tributaria o la modernización del sector rural sean llevados a cabo por el Estado

¿Por qué un país que forma parte de la OCDE, con sectores académicos, políticos y empresariales de alta calidad y un crecimiento económico sostenido, sufre estos problemas? ¿La cooperación internacional responde a las demandas de la sociedad? Con estas preguntas, en 2020 entrevisté a cincuenta académicos, diplomáticos y miembros de ONG, tanto colombianas como internacionales. El resultado mostró que se deben revisar las bases de la ayuda internacional a Colombia.

Los actores de la cooperación esperan que temas como la desigualdad, la reforma tributaria, la modernización del sector rural o el establecimiento de un sistema universal de salud sean llevados a cabo por el Estado. Colombia no es Somalia, por lo que el estado debe hacerse cargo. Sin embargo, las élites que controlan el poder, más la inercia burocrática, crean tal brecha entre la Colombia urbana y rural y entre el 0.1% superricos (y su periferia) y el resto de la sociedad, son polos que si se van.

Frente a las paradojas de Colombia, la cooperación internacional necesita refinamiento, con énfasis en los pilares que sustentan y reproducen la desigualdad y la violencia. Por ejemplo, promover (y ejercer presión diplomática) para que el país cuente con un sistema tributario para el bien común, apoyando la investigación y seguimiento de la evasión de capitales, la corrupción y el crimen organizado (incluida la complicidad del sistema bancario y financiero internacional), y cofinanciar, junto con las autoridades locales, programas para reducir las desigualdades.

Como principio fundamental, la cooperación oficial debe ser más rigurosa y condicionar al Estado colombiano, que se presenta como un campeón de los Objetivos de Desarrollo Sostenible sin lograr sus objetivos.

Mariano Aguirre fue asesor de Naciones Unidas en Colombia, es miembro asociado de Chatham House (Londres) y autor de La agenda de la protesta social en Colombia: ¿una oportunidad para la cooperación internacional?, Instituto de Derechos Humanos, Universidad de Deusto, 2020.

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