enero 13, 2022

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Consumo de carne en España: chuletón bajo bandera | Opinión

Consumo de carne en España: chuletón bajo bandera |  Opinión
El ministro de Consumo, Alberto Garzón, durante una comparecencia ante la prensa.
El ministro de Consumo, Alberto Garzón, durante una comparecencia ante la prensa.OSCAR DEL POZO / Europa Press

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Había decidido el menú: chuletón para Díaz Ayuso y hamburguesas para Pablo Casado. Ambas cosas tamaño extra Porque, como se suele decir, no es Sánchez quien comenta el tamaño de lo que te pones en la boca. Bueno, entendí el menú y también una teoría. La teoría de que Trump había logrado apelar a los instintos básicos, el rugido del estómago y el encanto de la vieja masculinidad. Los dos estaban de alguna manera vinculados en su mente, ya que fue fotografiado junto a una cuadrícula llena de filetes Demostrar esa libertad, amigos, era eso: decidir qué comer sin que nadie interfiriera con sus deseos.

Ahí estoy, con mi menú y mi teoría pregonadas hasta el punto en que el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, aparece en esto, y es porque lamentaba que su ministro de Consumo hubiera hecho campaña por su cuenta, o porque estaba decidido a detener la rebelión de los ganaderos, zanjó el asunto con una broma que desacreditó las palabras de Garzón y lo convirtió en objeto de lloriqueo, como si solo hubiera dicho tonterías; De paso, ha sido frívolo (y esto es grave) la evidencia sobre la insostenibilidad del consumo excesivo de carne que tiene la comunidad científica, así como la FAO, la organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura. Sánchez solo tenía que decir para mantenerse al día: «¡Mi ministro del Consumidor no me dice qué tan grande debe ser mi inmejorable bistec!»

Pedro Sánchez responde a la polémica de la carne durante una rueda de prensa en Lituania el jueves.

El tamaño y la frecuencia de repente adquieren una importancia inusual. A las declaraciones de Sánchez le siguieron las de Zoido, Abascal, Cifuentes, Page, el mismo ministro de Agricultura y todo un batallón de luchadores por la libertad que aparentemente solo comen carne en un país donde, como dice Mikel López Iturriaga en El guardiánNo se trata de cambiar el bife por tofu, señores: nuestra dieta mediterránea, la que decimos defender, es «inmejorable» en arroces, pescados, guisos, guisos, y nadie sabe que hasta ahora se ha pronunciado la palabra prohibir, pero moderado. Ver cómo un debate que tendremos que afrontar muy pronto se reduce a bromas y tuitea fotos de hilos con el hilo ideológico habitual, hilos por la libertad, contra el comunismo, es abrumador.

Todo esto esconde también una irritante hipocresía porque, ante un miedo del corazón, los que sacan el pecho se vuelven planos, moderados, anteponen la salud, abandonan esta guerra cultural. Todos sabemos que hay que medir las carnes rojas y más los que cocinamos y disfrutamos de una dieta como la nuestra. Dicen que la mejor comida se ofrecía en España en los años sesenta y setenta. Muy cierto. Las legumbres, las verduras y el pescado más barato abundaban en los hogares; la carne se comía de vez en cuando. Esa dieta no tenía nada que ver con la falta de libertad sino con una tradición alimentaria profundamente arraigada: conveniente y sabrosa. Todo este espectáculo de carne proviene de un país que entendió la flotabilidad de esta manera.

Luego está la cuestión de cómo esa sobreproducción afecta el cambio climático, algo que causa urticaria en la derecha. Pero todo lo que se publica, consensuado por la ciencia: ¿qué pasa entonces? ¿Se ignora la información? Hay que leer las crónicas de Eliane Brum en este mismo periódico sobre la deforestación de la selva amazónica para convertirla en pastoreo de ganado. No tenemos que pensar en el futuro, es un debate urgente. Por eso fue una vista devastadora. El Congreso se convirtió en un gran asador y casi nadie quería renunciar a su mesa. Fuera de esa juerga, estamos experimentando una emergencia climática.

Y otro día si este hablamos de sufrimiento animal en producción intensiva. No hay que poner toda la carne a la parrilla, ni siquiera la de San Lorenzo.