junio 22, 2024

El juez imputa a Jorge Vilda por las supuestas presiones a Hermoso tras el beso de Rubiales | Deportes

El juez del caso Rubiales, Francisco de Jorge, ha imprimido un giro radical a la investigación sobre el beso que Luis Rubiales, expresidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), dio a la jugadora Jennifer Hermoso durante la celebración de la victoria del Mundial femenino, así como sobre las supuestas presiones posteriores para que la deportista avalara en público la versión del exdirectivo. Según fuentes de la Audiencia Nacional, el magistrado instructor ha decidido llamar a declarar como imputado a Jorge Vilda, el exentrenador del equipo femenino, destituido tras el escándalo; y también a Albert Luque, director de la selección, y Rubén Rivera, responsable de marketing. Estos dos últimos se encontraban citados como testigos inicialmente, pero el instructor ha decidido cambiar su condición.

Con esta iniciativa, el juez amplía la ronda de interrogatorios que había iniciado tras la declaración de Luis Rubiales el pasado 15 de septiembre, cuando negó los dos delitos que se le atribuyen (agresión sexual y coacciones) —aunque el exmandatario salió de la Audiencia Nacional con la prohibición de acercarse a menos de 200 metros de la jugadora y de comunicarse con ella—. Todo ha cambiado después de que, este lunes, testificaran un hermano y una amiga de la futbolista, que manifestaron al magistrado De Jorge que el beso no fue consentido y que, en las horas y días posteriores, se sucedieron las presiones a la deportista. En esa cita, según fuentes jurídicas, se apuntó a Jorge Vilda, un nombre que ya había puesto sobre la mesa la Fiscalía durante la comparecencia del expresidente de la Federación.

Según publicó el medio especializado Relevo, durante el vuelo de vuelta a España desde Australia (donde se celebró la final del Mundial femenino), Jorge Vilda se acercó hasta en tres ocasiones a la familia para que convenciera a Jenni Hermoso de que saliera en público a quitar hierro al asunto. Sin embargo, su actuación habría formado parte de una estrategia más amplia y duradera, ya que Albert Luque y Rubén Rivera viajaron igualmente a Ibiza, donde las futbolistas celebraron el título después, para supuestamente presionar a Jennifer Hermoso.

Los tres (Vilda, Luque y Rivera) tendrán ahora la posibilidad de explicarse. Y lo harán como imputados —por lo que acudirán a la cita ante el juez acompañados de un abogado—. El magistrado ha fijado sus declaraciones para el próximo 10 de octubre.

Antes, ya habrán desfilado ante el instructor De Jorge otras cinco personas. El juez mantiene para este jueves las comparecencias como testigos de Patricia Pérez, jefa de prensa de la selección femenina; y de Miguel García Caba, director del área de Integridad, destituido el pasado viernes. El magistrado también escuchará el 2 de octubre a tres compañeras de selección de Hermoso: Alexia Putellas, Irene Paredes y Misa Rodríguez.

La Fiscalía atribuye a Luis Rubiales dos presuntos delitos: uno de agresión sexual, por el beso “no consentido” a la jugadora; y otro de coacciones, por las presiones posteriores a ella y su entorno para que la deportista saliera en público a respaldar la actuación del expresidente de la federación. “Hermoso sufrió una situación de hostigamiento, en contra del desarrollo de su vida en paz, tranquilidad y libremente”, afirma la querella del ministerio publico, firmada por Marta Durántez, teniente fiscal de la Audiencia Nacional. El juez aún no ha llamado a declarar a Hermoso, que sí acudió a principios de septiembre a la sede de la Fiscalía General del Estado para formalizar la denuncia.

La salida de Vilda

Jorge Vilda se encuentra en la picota desde el mismo día que estalló el escándalo. Y su situación empeoró en la asamblea general extraordinaria de la RFEF del 25 de agosto, convocada por Rubiales para tratar de blindarse en el puesto. En aquel encuentro, después de que el presidente se lanzase al ataque contra sus críticos y arremetiese contra el “falso feminismo”, el entonces seleccionador femenino se puso en pie para aplaudirlo. Lo hizo, además, solo unos minutos después de que el presidente de la federación le prometiese una ampliación de contrato y un aumento de sueldo (de 170.000 euros a 500.000).

Al poco, una vez que Rubiales fue suspendido por la FIFA, el seleccionador femenino quiso recular y envió un comunicado a los medios donde calificaba de “comportamiento impropio” la actitud del presidente de la RFEF. Pero de nada le valió. Fue destituido a principios de septiembre. El entrenador se encontraba enfrentado con el vestuario: 80 jugadoras (incluidas las 23 campeonas) anunciaron que no volverían a la selección “mientras continuaran los actuales dirigentes”; y buena parte de su equipo técnico había dimitido. En una entrevista, el ya extécnico del combinado femenino intentó justificarse: “He sido cesado injustamente. A esa asamblea no sabía muy bien a qué iba, pensaba que iba a una dimisión. En ese momento hace público que me está renovando y reconociendo mi trabajo. También aplaudo una gestión”, aseguró.

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