noviembre 30, 2021

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El regreso de ‘asesinatos ejemplares’ a Colombia | Opinión

El regreso de 'asesinatos ejemplares' a Colombia |  Opinión
Los manifestantes chocan con la policía antidisturbios en Cali el 4 de junio.
Los manifestantes chocan con la policía antidisturbios en Cali el 4 de junio.LUIS ROBAYO / AFP

Antes, hace dos o tres décadas, la forma definitiva utilizada por las organizaciones criminales y los grupos armados ilegales para provocar un pánico generalizado era la masacre. Mataron a 20 o 30 personas, violaron a mujeres y desmembraron a algunos de los muertos. Con esto ganaron el apoyo de la población, pues por el miedo que provocaban se mostraban totalmente sumisos. Fidel Castaño, uno de los fundadores de los grupos paramilitares en el país, dijo que «un cierto número de personas están desplazadas, pero quedan muchas otras, y en eso estamos trabajando».

Las masacres fueron muy escandalosas, llamaron la atención de las autoridades. Entonces, las organizaciones criminales comenzaron a racionalizar la violencia. Lo han utilizado, desde hace algunos años, como último factor o recurso en las zonas centrales del país. Antes de eso, amenazan, intentan y advierten para lograr el objetivo. Entre 2015 y 2017 se inauguraron las famosas casas piquet en Buenaventura. Eran lugares donde se desmembraba a la gente. Los patrocinadores de estas casas, inicialmente, fueron el Clan del Golfo, Los Rastrojos y una pandilla de la zona conocida como La Empresa. Uno de ellos dijo que era mejor desmembrar a alguien, de esta manera enviaron un mensaje claro de control del territorio y no causaron tanto escándalo con 20 o 30 muertos. Este fenómeno se llamó asesinatos ejemplares.

Luego, a partir de 2018, iniciaron una práctica similar en el departamento de Antioquia, específicamente en la subregión del Bajo Cauca. Allí empezaron a aparecer desmembrados, decapitados con carteles junto a ellos y el silencio se apoderó de toda la región del país.

Una ola de protestas sin precedentes estalló en Colombia el 28 de abril y desde entonces comenzaron a desarrollarse actos de violencia. Entre otros, grupos de civiles dispararon contra los manifestantes, muchos de ellos disparaban junto a policías y, por supuesto, la impunidad es increíble. Este fenómeno se llamó paramilitarismo sicarios. En la ciudad de Pereira, de hecho, estos civiles asesinaron a Lucas Villa y el asesino huyó por la zona donde debería haber estado un CAI o comisaría, que ese día desapareció de forma «milagrosa». Días después, en Cali, hubo varios videos de civiles armados disparando contra manifestantes y protegidos por algunos miembros de la Policía Nacional. Las investigaciones fueron anunciadas de inmediato y hasta la fecha nadie da ningún resultado.

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Sin embargo, desde la semana pasada se han producido algunos hechos de violencia en el departamento del Valle del Cauca que, si bien necesitan ser investigados, generan mucha preocupación. Por un lado había imágenes de lo que habrían sido desmembramientos. Además, un famoso cantante de la región, Junior Jein, fue asesinado en la ciudad de Cali y el incidente más reciente ocurrió en el centro del departamento, donde un joven llamado Ochoa -quien presuntamente formaba parte de la primera línea de los manifestantes – fue decapitado. En un terrible video que ha circulado, se ve la cabeza de este joven en una bolsa. Además, también circulan videos de desmembramientos en Buenaventura. Son imágenes terribles.

Si bien se deben investigar estos casos de desmembramiento, decapitación y asesinatos que ocurrieron en los últimos días en el Valle del Cauca, y aún no se sabe si existe una relación directa con las manifestaciones, muchos ciudadanos perciben que la hay. En el Valle del Cauca y en el país, muchos creen que esto se debe a la persecución de quienes se manifestaron y que todo radica en apaciguar la protesta con este tipo de violencia.

Pero más allá de esta posible relación entre protesta y violencia, lo cierto es que el país tiene un cuadro generalizado de deterioro de la seguridad. En las regiones, además, es como si hubiera una licencia de homicidio, debido a los altos niveles de impunidad. No hay detenciones, nadie cree en las instituciones y, a pesar de toda la violencia aplicada por la policía colombiana, no ha caído ni un general ni un coronel. Ha habido decenas de muertos, heridos, agresiones sexuales, casi todos estos hechos presuntamente cometidos por miembros de la Policía Nacional. Y es como si nada hubiera pasado.

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