mayo 12, 2022

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El templo sumergido del virreinato que ha sacado a la luz la sequía

El templo sumergido del virreinato que ha sacado a la luz la sequía

A mediados de la década de 1970, Jorge Sánchez tomó la comunión en la iglesia de su ciudad natal. El templo de imponentes muros con ornamentos neoclásicos y tonalidades barrocas fue el centro de actividad de la hacienda donde vivió y de toda la zona sur de Guanajuato. Aún recuerda la ceremonia, entre los recuerdos de una simple niñez en el campo hasta que el lunes 15 de octubre de 1979, la Secretaría de Recursos Hidráulicos decretó el terreno donde Sánchez creció en servicio público, desalojó a los vecinos para inundar la ciudad y construyó la La. Presa Purísima. La iglesia magistral fue abandonada junto con las casas y cultivos de otros 500 habitantes para ser enterrados bajo el agua. Con la actual sequía histórica que azota a México, el nivel de la presa baja y trae a la luz el edificio para recordar la historia de la comunidad Zangarro, recordar las glorias del pasado y atraer a espectadores que reviven un área de difícil acceso y manchada por el estigma de la violencia.

Los últimos recuerdos que tiene Sánchez dentro del templo se remontan a cuando los habitantes se resignaron a irse, dejándolo atrás junto con el estilo de vida que disfrutaban en la hacienda. “Cuando éramos niños solíamos ir a la iglesia que estaba vacía en el baile”, recuerda este comerciante. Ahora tiene una tienda en el pueblo a un par de kilómetros del dique, donde sus padres marinaban entre melocotones, aguacates, alfalfa y membrillos. Asegura que el lugar estaba desierto y abandonaron el panteón y las tumbas dentro de la iglesia. Con sus amigos adolescentes, vinieron a jugar mientras el nivel del agua subía lentamente. Entre las ruinas, se encontraron tesoros y calaveras que esconden los muros del templo del siglo XVIII dedicado a la Virgen de los Dolores, un ejemplo arquitectónico de finales del Virreinato de la Nueva España.

Los pescadores locales tuvieron que detener su actividad debido a la fuerte sequía que azotó el lugar.
Los pescadores locales tuvieron que detener su actividad debido a la fuerte sequía que azotó el lugar. Hector guerrero

La congregación de Zangarro fue la reducción más importante y cercana al casco de la hacienda. El arquitecto José Esteban Hernández documentó que fue tal su importancia para los habitantes de la región en el siglo XX que todas las comunidades ubicadas en el sur de Marfil tuvieron que acudir allí para realizar todos sus trámites civiles y religiosos, ya que en ese lugar existía el Registro Civil y el Vicariato.

Así, la vida era «más sencilla y más lenta» para Sánchez. Él y sus amigos jugaban a las canicas en la calle, salían a perseguir a «las chivas» y se desafiaban mutuamente a aventurarse en las tierras aledañas al rancho donde había coyotes y otros animales salvajes. Un día las cosas cambiaron cuando vieron maquinaria pesada rodeando el arroyo que alimentaba los cultivos de la hacienda, uno de los muchos que alimentan la cuenca de Guanajuato. «Al principio nos dijeron que iban a construir un aeropuerto», dice el hombre que ahora tiene 52 años. Luego vinieron las oficinas del gobierno, luego el ejército y finalmente un helicóptero en el que viajaba el presidente José López Portillo. «Nunca antes habíamos visto un helicóptero», recuerda Sánchez.

La historiadora Dulce María Vázquez Mendiola explica que la inundación que sufrió Irapuato, el pueblo más cercano, seis años antes había motivado al gobierno a construir la presa para aprovechar los afluentes de agua y evitar más desastres naturales. En la segunda semana de agosto de 1973, lluvias torrenciales que prometían buenas cosechas terminaron con la inundación de la presa Conejo II. Como resultado, arroyos corrieron por la ciudad, la cubrieron con dos metros de agua y ahogaron a varias personas en una de las tragedias más recientes que recuerda la comunidad. El número de víctimas hasta la fecha aún no está definido.

Jorge Sánchez trabaja en su negocio de abarrotes en la comunidad de Zangarro, Guanajuato.
Jorge Sánchez trabaja en su negocio de abarrotes en la comunidad de Zangarro, Guanajuato.Hector guerrero

Sin embargo, los habitantes de El Zangarro no quisieron abandonar sus tierras ni renunciar a su forma de vida. Se perderían las cosechas, se cubrirían las casas en las que nacieron y obligaría al país a dividirse en tres comunidades que se asentarían en las afueras de la presa, en la zona que Sánchez recuerda peligrosa por los coyotes. “Nos asignaban casas según el número de personas de la familia, pero había gente que no tenía nada como mi hermano que se acaba de casar”, explica. Con sus cosas en burro y sobre sus espaldas, se instalaron en los pueblos que hoy rodean el embalse de La Purísima. Sin embargo, nunca recibieron las escrituras de propiedad de esas casas y hasta el día de hoy no pueden vender sus propiedades ni heredarlas.

Mientras tanto, la ciudad se fue cubriendo gradualmente de agua. El terreno abandonado como el cementerio sirvió de patio de recreo para los niños que llegaban a jugar con los restos de los muertos. Las casas se perdieron en el espejo de la presa junto con las pocas pertenencias que dejaron los propietarios. Y la cúpula del templo finalmente fue rota y oculta por el agua.

Los períodos de sequía aguda, como la que ha mantenido a México desde fines de 2020, hacen que el nivel de la presa baje lo suficiente como para recordar a la antigua ciudad de El Zangarro. Entre el barro negro en el que se encuentra, algunos visitantes curiosos llegan a encontrar vestigios de poblaciones pasadas. El arquitecto residente de Irapuato, Isaac Pantoja, muestra con orgullo algunos tesoros que ha guardado con su detector de metales. Entre ellos, enseña con entusiasmo una macuquina, una antigua moneda martillada utilizada entre los siglos XVI y XVIII.

Han pasado poco más de 40 años desde que el templo no se podía ver en su totalidad.
Han pasado poco más de 40 años desde que el templo no se podía ver en su totalidad.Hector guerrero

El templo de la Virgen de los Dolores es una de las pocas iglesias fantasmas de México, que surgen del agua antes de esconderse nuevamente entre los restos de ciudades olvidadas que murieron por la construcción de presas. El Zangarro se hizo eco del nuevo atractivo turístico desenterrado por la severa sequía. Sin embargo, la violencia que azota la región, la falta de información y el acceso por caminos de tierra dignos de vehículos preparados continúan manteniendo el templo escondido en un paisaje salpicado de garzas y cerros.

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