octubre 6, 2022

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Elecciones en Nicaragua: un abismo cada vez mayor | Opinión

Elecciones en Nicaragua: un abismo cada vez mayor |  Opinión
Policías frente a la casa de Cristiana Chamorro, detenida desde el miércoles por el régimen de Daniel Ortega.
Policías frente a la casa de Cristiana Chamorro, detenida desde el miércoles por el régimen de Daniel Ortega.Carlos herrera

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Para el régimen nicaragüense, la mejor solución sería que las elecciones que según la Constitución y las leyes deben realizarse en noviembre de este año, no fueran más que un trámite burocrático, o mejor aún, que no existieran en absoluto. Que no existían partidos políticos de oposición, ni los candidatos eran capaces de impugnar la cuarta reelección consecutiva de Daniel Ortega.

Ésta es una vieja idea tomada del leninismo manual condicionado en el trópico, donde sin embargo el vicio de la reelección es más antiguo que la Revolución de Octubre. La presunta elección, ya tan obsoleta, sigue siendo entre democracia burguesa o democracia proletaria, aunque al final no sea más que una elección más simple: poder temporal, con alternancia democrática, o poder para siempre a toda costa.

La democracia representativa es superflua en la sencillez de este credo, porque la existencia de varios partidos en competencia, según la acusación ideológica, sólo provoca disensión. Entonces, la panacea, no importa cuán desagradable huela, es la única combinación.

Las viejas cortinas rasgadas muestran el cobertizo de trampas y trucos donde se escenificarán estas elecciones. El Consejo Supremo Electoral, en absoluta obediencia al régimen, deberá calcular de antemano el abrumador número de votos con los que el candidato oficial a la presidencia y su esposa, candidata a la vicepresidencia, ganarán las elecciones; y decidir, incluso de antemano, cuántos escaños tendrá su partido en la Asamblea Nacional; no menos de dos tercios, por supuesto, lo que les da un control absoluto.

Las encuestas de opinión líderes hacen que un candidato presidencial sea indeseable en estas condiciones. Así le sucedió a Cristiana Chamorro, hija del periodista Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por la anterior dictadura de Somoza en 1978, y a Violeta Barrios de Chamorro, quien ganó las elecciones de 1990 que pusieron fin a la dramática década de la revolución.

Cristiana, quien presidió la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, dedicada a promover la libertad de expresión, está acusada del delito de blanqueo de capitales, sus cuentas bancarias han sido congeladas, su casa ha sido saqueada, ha quedado en régimen de aislamiento, con el casa por prisión, y le quitaron sus derechos políticos, inhibiéndola sin sentencia judicial, para que no pudiera ser candidata.

Dos funcionarios de la Fundación fueron llevados a prisión porque una ley indebida autoriza al Estado a detener a personas sujetas a investigación penal durante tres meses, otorgándoles así el derecho a habeas corpus, que es una garantía universal, es nula y sin valor. Otros dos presos políticos, además de los casi 100 que ya existían antes.

Todos los periodistas que alguna vez hayan recibido apoyo económico de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, o becas, están llamados a testificar por un delito inexistente y también a intimidarlos. Algunos de ellos ya han sido procesados ​​y no pueden salir del país.

La Fundación Luisa Mercado, que presido y que organiza anualmente el Festival Centroamérica Cuenta, ha firmado convenios con la Fundación Violeta Barrios de Chamorro para organizar talleres y mesas sobre nuevo periodismo dentro del festival de renombre internacional. Por eso fui llamado a declarar ante la Fiscalía, a pesar de que no hay nada oculto ni ilegal en esos acuerdos.

El pretexto para el cargo de lavado de dinero es que la Fundación Violeta Barrios de Chamorro utilizó fondos de la Agencia de Desarrollo Internacional (AID) del Gobierno de los Estados Unidos.

Las organizaciones no gubernamentales en Nicaragua reciben apoyo de gobiernos de otros países y agencias internacionales. Ortega ya ordenó la sanción de una ley que obliga a quienes obtengan fondos de estas fuentes a declararse agentes extranjeros, y con ello perder sus derechos políticos. Pero eso no es lo que se aplica en este caso.

Buscaron el nombre de un delito que evoca el crimen organizado, por absurdo que sea. El blanqueo de capitales, según el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), existe solo cuando busca legitimar fondos «generados por actividades ilícitas o delictivas, como tráfico de drogas, contrabando de armas, corrupción, malversación, extorsión, secuestro, piratería».

Ahora, otro candidato presidencial, Arturo Cruz Sequeira, fue detenido en el aeropuerto cuando ingresaba al país procedente de Estados Unidos y acusado de violar la «Ley de Defensa de los Derechos del Pueblo a la Independencia, Soberanía y Autodeterminación por la Paz». «, por» incitar a la injerencia extranjera «. Es una ley que también castiga el acto de «aplaudir» la imposición de sanciones impuestas desde fuera al régimen o al pueblo del aparato oficial.

Estas, entonces, son las próximas elecciones en Nicaragua. Una elección donde no habrá candidatos contrincantes, si no los cortados a la medida de la representación teatral, que tiene un guión inflexible. Una campaña electoral falsa, elecciones con resultados ya conocidos de antemano y con ganadores garantizados de antemano.

Todo esto muestra que el estado de derecho ha dejado de existir en Nicaragua. El resto es ficción e imitación. Mientras tanto, el abismo se ensancha a nuestros pies.

Sergio Ramírez Es escritor, Premio Cervantes 2017.