mayo 13, 2022

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Elecciones México 2021: La otra violencia electoral en México: candidatos con denuncias de agresiones contra mujeres | mujeres elecciones mexicanas 2021

Elecciones México 2021: La otra violencia electoral en México: candidatos con denuncias de agresiones contra mujeres |  mujeres elecciones mexicanas 2021
Una de las proyecciones en la fachada del Palacio Nacional en referencia al polémico caso de Salgado Macedonio, acusado de violación y ex candidato de Morena.
Una de las proyecciones en la fachada del Palacio Nacional en referencia al polémico caso de Salgado Macedonio, acusado de violación y ex candidato de Morena.RR SS

México vivirá las elecciones más importantes de su historia el próximo domingo. En ellos, se elegirán más de 20.500 cargos de gobernaciones, Congreso federal, legislaturas locales y ayuntamientos. Quizás sean recordados como uno de los más violentos, en el que han sido asesinados 35 candidatos masculinos y femeninos, y en el que, por primera vez, hay un mayor número de mujeres que se postulan para cargos populares. Pero también como esas elecciones en las que organizaciones, activistas y políticos han comenzado a recordar a los partidos que el compromiso contra la violencia de género es más que una promesa electoral.

En 2019, para lograr la igualdad en todos los puestos de toma de decisiones, los partidos políticos se comprometieron a hacer de la política mexicana un lugar de igualdad entre hombres y mujeres, sin violencia machista. Todos cambiaron sus estatutos para incluir este principio de igualdad en sus filas, pero se olvidaron de mencionar qué pasa cuando un candidato resulta ser un agresor. Según una recopilación realizada por el grupo Observatorio Ciudadana Todos Mx, que incluye a más de 150 organizaciones feministas, al menos 70 candidatas de las distintas fuerzas políticas del país han sido nominadas a pesar de denuncias o denuncias de violencia de género de diversa gravedad: por abuso, violación, agresión, violencia familiar o violencia política contra una mujer.

Si bien las fuerzas políticas se han comprometido en el papel, a nivel estatal y local la violencia contra las mujeres no parece haber obstaculizado la candidatura. El escándalo más emblemático de las estructuras que siguen imperando dentro de los partidos es el caso de Félix Salgado Macedonio, ex candidato de Morena a gobernador de Guerrero. Dos denuncias de violación y al menos otros tres cargos de abuso y acoso sexual pesan sobre él, pero el veterano político está fuera de juego por irregularidades en la supervisión de su precampaña, no por los cargos en su contra.

La posición final de la parte, que abrió una investigación interna para esclarecer los hechos, fue elocuente sobre la forma en que se considera este problema: como no hubo condena en su contra, concluyó Morena, no hubo motivo para inhabilitarlo. “Incluso si no hay sentencia, los partidos deben tener un mayor sentido de la ética y no presentar candidatos denunciados”, dice la abogada Andrea Medina. El caso de Salgado Macedonio y su resolución fueron, en todo caso, una muestra de un problema más extendido.

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Morena tampoco actuó en el caso de Osiris Jiménez Matus, por ejemplo, candidato a la alcaldía municipal de Santa María Xadani, en Oaxaca, denunciado a la Fiscalía del Estado en 2021 por malos tratos, agresiones, golpizas y amenazas a su esposa, Beliavit Guerra López, que tuvo lugar en 2019. El juicio sigue abierto en la Fiscalía del Estado.

Otro caso que EL PAÍS pudo corroborar es la acusación de violación contra Julio César Lorenzini Rangel, abanderado de Morena-PT en la presidencia municipal de Cholula, Puebla, y exdiputado panista. En 2019, una mujer denunció al político ante la fiscalía de delitos sexuales por violarla en un hotel propiedad del político. El político, en declaraciones a la prensa local, reconoció que se ha enfrentado no a una, sino a dos denuncias de violación de distintas personas y que ninguno de los cargos ha llegado al juez. Ambos casos fueron presentados ante el Ministerio Público.

Morena reconoce en sus estatutos que quienes aspiren a una candidatura dentro del grupo deben tener «atributos ético-políticos y antigüedad en la lucha por las causas sociales», y que la Comisión de Honestidad y Justicia evitará, sancionará y reparará el daño en caso de la violencia contra las mujeres. Tanto Jiménez como Lorenzini permanecen en la carrera electoral.

Las otras partes tampoco están exentas de los cargos. Sergio Estrada Cajigal, candidato a la alcaldía de Cuernavaca por el partido Fuerza por México y exgobernador de Morelos con el PAN, tiene al menos una denuncia por violencia física contra una mujer en 2014. Fernanda Alio Lovera, la denunciante, acusó a Estrada Cajigal de de golpearla en la cara y lesionarle el ojo cuando intentaba sacar a su hija de la casa de su expareja, de lo que Estrada Cajigal tiene conocimiento. En el mismo año, un juez decidió no vincular al exgobernador al juicio, por considerar que no había elementos suficientes para acreditar el ataque.

«Que haya un juicio definitivo en un país con tanta impunidad por una cuestión de violencia sexual es muy difícil de obtener», dijo Martha Tagle, diputada del Movimiento Ciudadano. E incluso la existencia de una convicción no garantiza que la política sea un espacio libre de violencia. En Jalisco, Fernando Martínez Guerrero, diputado local del Movimiento Ciudadano por el Distrito 18, fue sancionado por violencia política de género contra un concejal que también denunció amenazas de muerte para obligarlo a dejar su cargo en el Ayuntamiento de Cihuatlán. Un juzgado decidió indemnizar a la concejala devolviéndole el empleo y obligó al municipio a pagar el sueldo adeudado al funcionario. Aun así, el Instituto Estatal Electoral aprobó la candidatura de Martínez Guerrero para estas elecciones. El partido concluyó que, a pesar de ser declarada culpable de violencia política de género, las amenazas contra la concejala no estaban relacionadas con su candidata. La mujer pidió medidas cautelares por temor a represalias.

Un grupo de mujeres durante una protesta contra el ex candidato de Morena, Félix Salgado Macedonio, en Guerrero.
Un grupo de mujeres durante una protesta contra el ex candidato de Morena, Félix Salgado Macedonio, en Guerrero.Dassaev Téllez / Darkheart

Varios candidatos en la lista elaborada por las activistas fueron identificados por violencia política de género, figura específica que caracteriza las acciones dirigidas a lesionar o anular los derechos políticos y electorales de las mujeres, y que prevé una pena máxima de cinco meses a dos. años de prisión y multas de 50 a 300 días. En Chiapas, el candidato priista, Julián Nazar, fue sentenciado por esta demanda contra tres compañeros de partido y obligado a pedir disculpas a través de los medios de comunicación. El candidato y ex alcalde de Morena en el Concejo Municipal de Villa Guerrero, Estado de México, Tito Maya, fue denunciado por esto por varios concejales. Ahora se postula para la reelección. «Tengo mucho miedo porque tiene todo el poder en el municipio, y mucho menos si aún permanece, todos estamos en peligro», dice una de las mujeres en una entrevista con este diario.

Martha Tagle cree que la mayoría de los partidos, incluido el suyo, no han prestado atención ni han verificado los antecedentes de sus candidatos. Ni el Instituto Nacional Electoral (INE), que parece haberse visto abrumado en este asunto. Los pocos casos que han llegado a la prensa son los que han sido descubiertos por organizaciones feministas. “Los partidos aún no han terminado de hacer un compromiso profundo con los derechos de las mujeres y les cuesta tomarlo en serio”, dice Wendy Briceño, diputada de Morena. “Creo que hay muchos pactos patriarcales dentro de los partidos donde muchos hombres por acción y omisión han sido parte de esa violencia”, agrega.

Cuando salió a la luz el caso de Salgado Macedonio y los militantes de Morena alzaron la voz, el presidente Andrés Manuel López Obrador siguió defendiendo públicamente su candidatura, alegando que este tipo de denuncias son «propias de la época electoral». Tomar la violencia de género y las denuncias de agresión contra las mujeres como moneda de cambio electoral parece tener al menos un acuerdo tácito, uno de los pocos en los que tanto el partido gobernante como la oposición están de acuerdo.

En tiempos de feminismo viral, con un creciente movimiento femenino en las calles, los partidos políticos simulan un esfuerzo de adaptación a los nuevos tiempos para captar votos, pero dentro son las viejas estructuras las que toman las decisiones, lideradas principalmente por hombres. No solo basta con apostar por la igualdad: los entrevistados creen que para un cambio real debe haber una fuerte mirada femenina dentro de los procesos. «Están públicamente aliados al tema porque se ha convertido en una cuestión de corrección política, pero los partidos son los principales violadores de los derechos políticos de las mujeres», agrega Martha Tagle.

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