julio 21, 2024

¿Escuelas que producen analfabetos?

“Teníamos escuelas que producían analfabetos, que no enseñaban”, le dijo a Clarín Veveu Arruda, el alcalde de la pequeña ciudad de Sobral, en el nordestino estado brasileño de Ceará, donde se produjo una suerte de “milagro educativo”. Sobral, una de las localidades más pobres de Brasil, pasó hace poco del puesto 1.366 al 1° en las pruebas educativas en solo 10 años.

“Nos decían que los malos resultados eran por la pobreza, pero sabíamos que podíamos cambiarlo si nos centrábamos en la alfabetización de los chicos”, abundó el dirigente brasileño, en una entrevista, hace unos meses. La experiencia de Sobral ahora llena papers científicos sobre educación y es mirada con atención por ministros de educación argentinos y de otros países de la región.

Veveu Arruda, alcalde de Sobral, en la entrevista con Clarín. Emmanuel Fernández

La clave del éxito de Sobral está en haber puesto todo el foco en la alfabetización inicial. Se pusieron casi como única meta que ningún alumno pasara 2° grado sin saber leer y escribir. Y lo lograron. El sistema de Finlandia tiene un enfoque similar.

Argentina muestra cifras muy diferentes. Aquí, el 46% de los alumnos de 3° grado no entienden un texto adecuado para su edad. Y entre los estudiantes pobres son 6 de cada 10, según el último estudio de Unesco que se hizo en 2019. El país viene retrocediendo en los resultados y, cada vez, con más desigualdad entre los alumnos.

Los planes de estudio establecen que los alumnos deben pasar 3° grado entendiendo lo que leen. Y por eso suenan todas las alarmas. Es que luego el déficit se arrastra hasta terminar la secundaria. El panorama es tan crítico que la UBA tuvo que poner, en el CBC, un curso de comprensión de textos, para remediar la carencia con la que llegan los nuevos inscriptos.

Como pasaba antes en Sobral, la Argentina hoy tiene escuelas que producen analfabetos. ¿Cómo cambiarlo tenemos además hay una “grieta de métodos” de enseñanza en los institutos donde se forman los docentes?

Nada es fácil, pero cada vez hay más evidencia acerca de la conveniencia de usar el llamado método “explícito” (enseñar a leer a partir de la correspondencia entre cada sonido y su letra) y midiendo los avances durante el año para intervenir rápido ante los problemas.

Por eso se escucha cada vez más sobre las “pruebas de fluidez lectora” tomadas a alumnos de los primeros grados. Lo viene haciendo Mendoza hace unos años, y ahora también la Ciudad de Buenos Aires y otras provincias.

El tema preocupa a expertos y familias, pero nada de esto hablaron los candidatos en los debates presidenciales. Difícil avanzar si no está entre las prioridades para los años que vienen.