diciembre 8, 2021

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La frustración nostálgica del Barça | Deportes

La frustración nostálgica del Barça |  Deportes

«Si intentas esconder un fantasma, lo haces más grande», proverbio groenlandés que se ve en la tercera entrega de la serie. Borgen.

El miércoles pasado decidí dejar a un lado mis supersticiones y me senté frente al televisor a ver, disfrutar del partido de la Champions. Empecé por el Barça, quizás apelando al buen rollo que siempre he tenido cuando jugaba en Portugal. Esto no quiere decir que siempre haya ganado, ni que haya jugado partidos excepcionales, pero siempre me he encontrado con un magnífico ambiente futbolístico que estaba ligado a los míticos nombres del Benfica, el Sporting (entonces de Lisboa, ahora lo he aprendido de Portugal). ) o Oporto.

Ya sabéis cómo empezó y empecé a replantearme mi decisión, pero resistí la tentación de cambiar de canal para seguir analizando la evolución del juego culé, casi siempre en dificultad en cada inicio de partido. Los siguientes 40 minutos me parecieron, llámame optimista, bastante interesante, pero demasiado inocente para las exigencias de esta competición. En el descanso me preguntaba si parte de la decepción en la que está sumido el Barça, y por tanto sus seguidores, no vendrá de toda la alegría que ha generado anteriormente. Quizás de la nostalgia de aquellos tiempos en los que con la mitad de las ocasiones que habían tenido los culés en aquella primera parte habrían transformado un par de goles que habrían puesto el marcador a favor y el viento de confianza habría llenado las velas del equipo. una vez más. Pensaba en cómo ese viento futbolístico que soplaba en esas velas nos permitía caminar tranquilos por Europa, visitar estadios maravillosos y ser enormemente generosos con los rivales derrotados, siempre desde nuestra posición de ganadores, dominadores del juego, referentes.

Pensaba cuánto de esta enorme frustración del actual culé no deriva de que ahora estemos como esos rivales hace cinco, siete, diez años y que eso ha determinado nuestra clasificación, la de todos los vinculados al mundo culé que están. en este fútbol, ​​fui el primero, estaba bajo revisión y las casas de evaluación de riesgos del fútbol empezaban a darnos un informe muy desfavorable.

Y es tan difícil, tan incómodo, volver a la normalidad después de vivir tanto tiempo en el cielo, incluso si solo fuera fútbol …

La segunda parte solo confirmó mis peores presagios supersticiosos y cuando esperaba la reacción final el segundo y tercer goles terminaron cayendo y allí no pude más y fui a visitar al Villareal y su batalla en el Old Trafford. Una jubilación triste porque, cuando ya pensaba que la mala suerte sólo valía para el Barça, el último partido confirmó que en esta competición nadie da nada y que un atisbo de indecisión puede acabar con puntos y sueños.

Y por suerte nunca tuve la oportunidad de escuchar el pitido final del partido del Sevilla, aunque sí olí cierto olor a decepción ante la oportunidad de sumar tres puntos en un campo que siempre es tan difícil como lo son los alemanes.

Como todo es relativo, o mejor dicho, demostrando que todo es relativo, resulta que el punto que hubiera hecho felices a Barça y Villareal ha dejado insatisfecha a la afición sevillista.

Para cambiar el tercero, me lancé a los brazos de la serie Borgen para ver el dicho con el que comienza el artículo en los créditos iniciales de su tercer capítulo.

Y me preguntaba si ese groenlandés del refrán era un hincha del Barça porque me parece que estaba acertando.

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