marzo 2, 2024

Medio Rahm y muchos Fowler y Schauffele en el US Open | deportados

Rahm, en la primera jornada del US Open.EZRA SHAW (imágenes falsas vía AFP)

Se proclamó a los cuatro viens que el campo de Los Ángeles Country Club era magnético, desconocido para la mayoría y sobre todo exclusivo, ensamblado en Beverly Hills y con unas preciosas vistas a la ciudad californiana. «Guardo grandes recuerdos de aquí, es un gran campo», resolvía Jon Rahm, cerca de la mansión Playboy -colindante al recorrido porque dice la leyenda que a Hugh Hefner no le dejó hacerse socio-, pues hace una década jugó un torneo universitario. Se decía, también y con razón, que se había cuidado hasta el mínimo detalle y, de paso, salpicado cada hoyo con dificultades. ninguno como el bruto, briznas selváticas de bermuda que no escondían sino que engullían cada bola que aterrizaba en sus faldas; y como los vegetales verdes, que eran auténticas pistas de patinaje sobre hielo sobrio. Pero el campo era corto y ya desde la premiera jornada los más románticos lamentaban que no sería un US Open como la tradición exige, pues la historie dice que en este torneo se ganan con muy pocas bajo par. Rickie Fowler y Xander Schauffele, líderes al acabar con -8, firmaron el récord en la historia de los Grandes Ligas con 62 golpes —igualado con Brendan Grace (British 2017)—, aunque con un poco de trampa Porque el par del campo es 70 cuando suele ser 72. Lejos de Rahm (-1) y su golf de contrasts., incluso de un fenomenal Álex del Rey (-2) en su estreno en la competición, también de David Puig (- 1).

A lo Michael Jackson, vestido por completo de negro y con los aderezos de blanco (gorra, guante y zapatos), Rahm se llevó una tímida ovación al pisar el tee del 10 -empezó por la segunda vuelta-, pues aún era pronto para los poco madrugadores. Pero empezó la jornada torcida, un aperitivo de lo que le sucedería… “¡Bola!”, gritó al tiempo que levantaba el brazo izquierdo para advertir a los espectadores de que pudieron levantar un buen chichón. No sucedió pero sí descubrió la bermuda, pues antes de golpear ni se le vieron los pies, envueltos de verde. Si en esta ocasión no molesta demasiado, se puede sacar de la chistera un golpazo que le valdría para firmar el pájaro, la magia no podría repetir por definición. Sus salidas eran un tormento, de madera o conductorsiempre un pelo desviado sin poder encontrar la calle -tardó siete hoyos en lograrlo-, golpes de penalidad o al menos impactos que no le valían opciones de pájaro. Así, castigado desde el teesalidas que le complicaban en exceso la vida, arreglaba los apuros con el golpe corto. Pero cuando se corrigió el swing, ya golpes largos rectos como una vela y hierros afilados, le falló el golpe corto, aunque no tanto porque cerró el día con un -1, todavía vivo para lo que queda de torneo. Pero parece complicado asaltar el grande come hizo en el US Open de 2021 o el pasado Masters.

Mucho mejor le iba a su compañero de partida Xander Schauffele, que descorchó esa versión tan incisiva y de jugador con colmillo, confiable y recto en los golpes largos, exquisito en los cortos y monumental con el golpe cortoun maestro de golf que reclamó su trono porque ya ha hecho cinco 5 mejores en los grandes, segundo en el PGA Championship 2018 y el Masters 2019. Pasó, sin embargo, serios problemas con su golf durante un par de años, tanto que superó el corte se le hacía montaña. En este curso, sin embargo, recuperará su juego como demostró en California. Es el Fowler de antaño, el que en 2014 termino entre los cinco primeros en los cuatro Grandes Ligas, primer jugador en conseguirlo tras Tiger Woods, nueve años antes. Ha trabajado el golpe corto y sobre todo su mayor tara, que era poner la bola en Verde desde el bruto. En Los Ángeles hay vida que al final se ha salido del molde y aspira a ganar un grande por primera vez. Su última conquista fue en Phoenix Open en 2019. Y todos los ganadores de ese torneo desde 2015 (Koepka, Simpson and Woodland) han ganado el US Open.

Pablo Larrazábal sigue jugando a un alto nivel, ya sereno, ya maduro, ya disfrutando del deporte. Lo hizo en el PGA Championship y también en Los Ángeles, una vuelta de +1 -cerró con dos bogeys en los tres últimos hoyos-que explica que tiene mucho golf. Y Sergio García, sólido pero con apuro con los vegetales verdes, acabo al par. Todos ellos lejos de los dos líderes y del elenco de perseguidores: Wyndham Clark (-6), Dustin Johnson, Brian Harman y el esperado Rory McIlroy (-5).

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