septiembre 29, 2022

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Mujeres: descifrando a las mujeres migrantes | Red de expertos | Planeta futuro

Mujeres: descifrando a las mujeres migrantes |  Red de expertos |  Planeta futuro

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Las mujeres migrantes suelen ser víctimas de una triple discriminación, como mujeres, migrantes y, en su mayor parte, pobres. Por ello, debe ser una prioridad generarles oportunidades económicas y combatir la violencia de género a la que están expuestas, especialmente en América Latina y el Caribe.

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Hasta finales de la década de 1970, muchas mujeres emigraron como compañeras de sus parejas para cuidar del hogar. Sin embargo, en la década de 1980 hubo una reducción en la demanda de personal masculino para trabajar en la industria. El envejecimiento de la población en el norte, a su vez, ha aumentado la necesidad de mano de obra femenina a bajo costo, principalmente para labores domésticas, servicios y cuidados. Así, a principios de este siglo, la migración de mujeres peruanas, ecuatorianas, bolivianas y colombianas a España aumentó en un 60%.

Las mujeres que migran se enfrentan a una discriminación particular y a problemas específicos. Es menos probable que lo hagan legalmente (escapar de la violencia sexual no siempre es un motivo de protección) y, en el proceso, enfrentan violencia adicional (como explotación, género o trata), así como una falta de atención a sus relaciones sexuales. Relaciones y salud reproductiva. Además, enfrentan mayores dificultades para reunir a sus familias, ingresar a los mercados laborales de los países de destino y otros tipos adicionales de marginación precisamente por su condición de mujeres migrantes.

Frente a la migración repentina y masiva que se está produciendo en los países de América Latina y el Caribe, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha decidido estudiar cómo el género influye en las motivaciones, los caminos elegidos y la posibilidad de integrarse a la destino. Con base en este análisis, se proponen una serie de recomendaciones para abordar las necesidades y desafíos particulares de las mujeres que viajan al exterior, que ya superan en número a los hombres en la región.

Algunas de estas recomendaciones se basan en ejemplos de lo que muchos países ya están haciendo (con éxito). Por ejemplo, para prevenir y responder a la violencia sexual y de género contra mujeres refugiadas y solicitantes de asilo en Bolivia, se desarrolló la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), junto con la Pastoral de Movilidad Humana (PMH)) . procedimientos. El ACNUR monitorea regularmente su tratamiento y promueve la implementación de procesos apropiados (entrevistas separadas, disponibilidad de intérpretes femeninas, etc.). Y en Colombia, el programa Salutón Femenino despliega unidades móviles para el registro y asistencia sanitaria, psicológica y jurídica de mujeres y niñas venezolanas.

Queda mucho por hacer en el campo del trabajo de la mujer, pero ya se están viendo los primeros esfuerzos efectivos. En varios países de la Unión Europea, el proyecto Sirius busca la integración efectiva de mujeres y jóvenes mediante la obtención de empleo. Mientras tanto, en América Latina y el Caribe, también hay esfuerzos dignos de destacar. Por ejemplo, el programa Juventud, empleo y migración conjunta de Costa Rica, para dar acceso a oportunidades laborales a personas en situación de vulnerabilidad, especialmente mujeres y migrantes.

Las mujeres migrantes, miembros clave de nuestras sociedades, son una parte esencial de la recuperación económica pospandémica.

Por otro lado, es necesario establecer medidas para reconocer y fortalecer las habilidades de los migrantes y así permitirles ingresar con mayor facilidad al mercado laboral. Acelerar la validación de las calificaciones del país de origen es una medida simple pero impactante. Además de trabajar en programas de capacitación en habilidades digitales, que han generado aún más demanda en el contexto de la pandemia del covid-19.

En los casos de mujeres que migran para reencontrarse con su pareja, la dificultad para obtener un permiso de trabajo las limita al cuidado familiar o la economía informal. Para evitar esto, países como Alemania permiten que todos los extranjeros con permiso de residencia como miembros de la familia obtengan un trabajo.

En las excepcionales circunstancias que hemos vivido en el último año, hemos observado un aumento de la carga de trabajo no remunerado en el ámbito doméstico y en el cuidado familiar: las mujeres ocupan las tres cuartas partes de las horas que requieren estas tareas en la región. Los migrantes, miembros clave de nuestras sociedades, son una parte esencial de la recuperación económica posterior a la pandemia. Por ello, el BID seguirá brindando evidencia, financiamiento y asistencia técnica para que las empresas de la región desarrollen soluciones innovadoras que no solo mitiguen los riesgos de ser mujer y migrar, sino, sobre todo, mejoren sus oportunidades.

María Caridad Araujo Dirige la división de Género y Diversidad del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Felipe Muñoz Dirige la Unidad de Migración del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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