junio 22, 2024

«No sé ni quién es este chico»

Antonio Sanabria nació en la ciudad paraguaya de San Lorenzo hace 27 años. Tiene 28 presencias con la camiseta de su selección. Este jueves sumó una mancha a su historia en el fútbol: escupió hacia el lugar en el que estaba Messi.

Todo sucedió en una discusión en el medio de la cancha, a los 84 minutos, en el 1-0 de la Selección ante Paraguay por la tercera fecha de las Eliminatorias. Se miraron mal, Leo lo insultó y, mientras se iba como para meterse nuevamente en el partido, Sanabria reaccionó con una escupida. Una grosería total.

Escupir se encuentra dentro de las faltas y conductas incorrectas del reglamento del fútbol de la International Board. Si el árbitro brasileño Raphael Claus lo hubiera visto, tendría que haberlo expulsado.

Después del partido, Messi contó cómo fue la situación y espetó una frase con tintes maradoneanos: «La verdad es que no sé ni quién es este chico, pero no quiero salir a hablar porque es peor, va a salir en todos lados y se va a hacer conocido».

¿Quién es Sanabria? El centrodelantero paraguayo juega en el Torino de Italia y su pase está valuado en unos 10 millones de euros. Pasó por las Inferiores del Barcelona, debutó en el Barsa B, luego jugó en Sassuolo, Roma, Betis y Genoa.

El gol que Leo nunca pudo meter

Lionel Messi nunca pasa inadvertido. Parece que ya no tiene marcas para romper. Sin embargo, hay algo que aún le falta en su carrera: meter un gol olímpico. Es que nunca logró clavarla de manera desde un córner. Y en el partido entre la Selección Argentina y Paraguay, por la tercera fecha de las Eliminatorias, en el que el combinado dirigido por Lionel Scaloni se impuso por 1-0 en el Monumental, el Diez probó desde la esquina y el palo le negó el grito sagrado.

Corrían 30 minutos del segundo tiempo. Leo ya llevaba casi 25 minutos en la cancha, luego de haber reemplazado a Julián Álvarez en el inicio del complemento. Y el capitán nacional, que le cedió la cinta a Nicolás Otamendi, se hizo cargo del equipo. De hecho, la mayor cantidad de pelotas pasaron por él y el Diez se ocupó de hacer jugar a sus compañeros y también de buscar su tanto. En ese sentido, estuvo muy cerca de convertir, pero el destino (o los palos) no quiso que la redonda ingresara en el arco contrario.