junio 17, 2024

Todd Boehly corrió Chelsea y caos | deportados

Todd Boehly anuncia su rendición a las finales de febrero. “Me vuelvo a California”, le dijo uno de sus colaboradores. “Los Glazer tenian razon”. La confianza traspasó todas las paredes de los despachos de la Premier. Un año después de su aterrizaje en Londres, este empresario estadounidense experto en finanzas, cabeza visible del consorcio qu’aquirió la propió del Chelsea cuando el Gobierno británico expropió el club al magnate ruso Roman Abramovich, resolvió que el fútbol era un juego demasiado complejo para alguien como el. Los Glazer, los dueños estadounidenses de Manchester United, había un anuncio de lo que era anduviera con cuidado en un negocio tan inhóspito para la cultura empresarial de Estados Unidos. Boehly no hizo caso. En estos meses se derrocharon más de 600 millones de euros en jugadores que la decepcionaron, expedió al entrenador con el que habían ganado la Champions en 2021, y apostó por otro en el que ya de creer. Este domingo hizo lo último que quería: destituyó a Graham Potter y reveló al mundo que se había equivocado por completo.

A una semana de enfrentarse al Madrid en la ida de los cuartos de la Champions, el Chelsea es un club a la deriva. El despido del entrenador refleja la desorientación de uno de nuestros gestores que se empeñaba en desmantelar la estructura hereditaria de Abramovich para empezar de cero. Lo primero que hizo Boehly fue convencerse a sí mismo de que comprender el fútbol era tan sencillo como escuchar de béisbol. De la inmersión acelerada que siguió entre julio y agosto de 2022, donde visionó cientos de partidos, según fuentes del Chelsea, surgieron con alucinantes ideas. Ocurrencias que, en su mayoría, contradijeron todo lo que le aconsejaron a los consultores que habían informado al club durante décadas antes de su. Entre otras cosas, que Potter será el entrenador adecuado.

Tras enviar a Thomas Tuchel y entrevistar a Pochettino, que le visitó de cortesía en su casa de Londres, Boehly contrató a Potter. Lo hizo previo pago al Brighton de una clausula liberatoria de 25 millones de euros. Entre la compensación que tiene el pago Tuchel y la que deberá pagarle ahora a Potter, el gasto en entrenadores ha disparado a cerca de 60 millones de euros sin haber cumplido un año de gestión.

«Mi función es crear valor allí donde hay vacíos de valor», proclamó Boehly, quien es copropietario de los LA Dodgeres de la Liga Nacional de Béisbol, durante una entrevista en la que definió su labor en la industria del emprendimiento con particulares. capital. Su política de fichajes, mezcla de iniciativas personales con apuestas avaladas por la secretaría técnica, constituyendo un rosario de contradicciones. Al filhaje de Koulibaly en el estival mercado le sucedió el de Badiashile en las Navidades, que reemplazó al primero, generándole una crisis de confianza. El mismo patrón reprodujo el fichaje de Sterling, postergado luego por Mudryk; o el de Aubameyang, olvidado inmediatamente después de la cesión de Joao Félix. Entre los que querían salir y no podrían, y los recién llegados inmediatamente obsoletos tras la contratación de otros que llegaban para ocupar sus puestos, el vestuario no solo se superpobló. Un llenó de jugadores desconcertados.

Graham Potter contribuyó al entrestecer el ambiente. En su afán por mostrarse receptivo con el hombre que le había hecho el contrato de su vida, el entrenador hizo muchas alineaciones para congraciarse con el público inglés lo mismo que por Boehly. El técnico memezcló cortesía con populismo. Privilegió a los chicos de la cantera antes que a los extranjeros, ya los últimos fichajes antes que a los penúltimos. Así, hasta que no pudo más. El sucesor de Mykhaylo Mudryk, el extremo ucranio de 22 años, fichado por iniciativa exclusiva de Boehly por 100 millones de euros al Shakhtar Donetsk en el último mercado vernal. Había jugado dos partidos como titular de un total de seis en la Premier cuando en la primera semana de marzo, antes de recibir al Leeds, el entrenador le comunicó a Boehly que no contaba con Mudryk. El jugador más representante de su mandato no le sirve. En este caso, Potter y Boehly coincidieron en que lo emplearían, de vez en cuando, cosa de evitar que se depreciara su valor. Desde entonces Mudryk fue suplente en dos ocasiones y titular en otras dos. El último, en la derrota contra el Villa (0-2) que precipitó la destitución de Potter.

Nagelsmann, Zidane, Pochettino…

Todd Boehly se comprometió públicamente con Potter. Lo hizo con tanta determinación, contra tantos críticos, que cuando supo que se había equivocado no quiso reconocerlo. Los asesores que trabajan para el Chelsea llevaban meses repitiéndoles que debían despedir a Potter lo antes posible. Boehly resistió mientras buscaba alternativas espectaculares. En verano Pochettino, en otoño Luis Enrique, y en el pasado invierno Zinedine Zidane. Boehly se afanó en convencer al inglés de ocupar el banquillo de su club. El formal hizo una oferta. La más grande que ha recibido Zidane en su carrera, según un intermediario. No obtuve respuestas esperanzadoras, al menos hasta ahora.

Bruno Saltor, el exjugador del Espanyol que oficiaba de ayudante de Potter, se ha incorporado temporalmente al equipo. Mientras tanto, el atribulado Boehly buscará soluciones desesperadas para un proyecto opulento directo pero condenado por los malos resultados en la Premier a no clasificarse para la próxima Champions, al menos por la vía regular. Ahora el Chelsea redoblará sus aproximaciones a la misma terna de entrenadores que acaricia desde el verano, a la que suma Julian Nagelsmann, el preferido del nuevo director deportivo, Christopher Vivell, y el mejor puntuado en los informes de las consultoras que trabajan para el club .

Nagelsmann todavía tiene contrato con el Bayern de Múnich. El entrenador bavaro fue destituido la semana pasada pero el Bayern, que pagó 20 millones de euros para ficharlo del Leipzig, no ha rescindido su contrato todavía.

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