julio 21, 2024

Un estudio logra «la supervivencia a largo plazo» de monos con riñones de cerdo que abre la puerta a su uso en personas

Hombres y cerdos son sorprendentemente parecidos. Tanto es así que, desde hace al menos una década, en laboratorios de todo el mundo se estudia cómo trasplantar órganos porcinos en humanos para salvar así la vida de quienes necesitan, por ejemplo, un nuevo corazón y no encuentran donante. ¿Problema? Que, pese a la similitud entre ambos, la ‘barrera entre especies’ ha entorpecido las pruebas y ha acabado generando un rechazo por parte del receptor. Un estudio publicado este mismo miércoles en la revista científica ‘Nature’ plantea una manera de plantear este escollo: utilizar cerdos genéticamente modificados para parecerse aún más a los humanos.

La investigación, liderada por un equipo de expertos de la empresa biomédica eGenesis y de la Universidad de Cambridge, ha puesto a prueba la siguiente estrategia. Para empezar, se diseñaron unos cerdos genéticamente modificados para no expresar los genes que codifican los antígenos (es decir, las sustancias que provocan que el sistema inmunitario se active y produzca anticuerpos contra sí mismo). También se eliminó la presencia de virus porcinos en estos animales y se les agregó siete genes humanos (como aquellos que regulan procesos de inflamación, coagulación o inmunidad).

El uso de cerdos modificados genéticamente mejoró la compatibilidad, evitó el rechazo del órgano y el riesgo de transmisión de virus

A continuación, se cogió una pequeña cohorte de macacos (unos animales muy utilizados para este tipo de estudios, pues también guardan grandes similitudes con los humanos) y se les administró un tratamiento de inmunosupresores similar al que se utiliza actualmente cuando un paciente se prepara para recibir un trasplante. Este paso es considerado clave antes de la operación ya que evita que el sistema inmune del receptor rechace o dañe el órgano foráneo.

Los animales que habían recibido el trasplante sobrevivieron más de dos años tras la operación

Una vez estuvo todo listo se realizó el trasplante de órganos entre especies. Los investigadores tomaron los riñones de los cerdos modificados genéticamente y los implantaron en los macacos. A partir de ahí hicieron seguimiento del estado de salud de los animales y comprobaron que los riñones no solo funcionaban a la perfección sino que, además, seguían funcionando más de 2 años después de la operación. En total, en el momento de publicación de este estudio, los simios que habían recibido el trasplante habían sobrevivido al menos 758 días.

«Gran paso adelante»

Los resultados de este estudio destacan como uno de los más prometedores presentados en los últimos años. Sobre todo porque, hasta ahora, solo se había conseguido que los animales sobrevivieran unas pocas semanas o meses después del trasplante. «Este es un gran paso adelante en el campo de los trasplantes», afirma Tatsuo Kawai, profesor en la Universidad de Harvard y catedrático en el Hospital General de Massachusetts, tras la publicación de los resultados de este estudio. «Este estudio demuestra que las modificaciones genéticas de los cerdos logran mejorar la compatibilidad, evitar el rechazo del órgano y abordar el riesgo de transmisión de virus entre donante y receptor», añade.

«Este es un gran paso adelante en el campo de los trasplantes»

Tatsuo Kawai

Noticias relacionadas

En esta misma línea también se posiciona Muhammad M. Mohiudiin, de la Universidad de Maryland, en un análisis complementario publicado en la revista ‘News and views’. «Todavía falta un largo camino para que estas herramientas se trasladen a la práctica clínica, pero estudios como este demuestran la importancia de avanzar en esta línea y empezar ya con las primeras pruebas clínicas en voluntarios», añade el experto, quien sugiere que en estas primeras pruebas se podría reclutar a pacientes en estado terminal que ya no tienen opciones de tratamiento.

En enero del año pasado se realizó el primer trasplante de un corazón de cerdo a un humano. El receptor, de 57 años, estaba en estado terminal y, debido a su estado, no podía optar a recibir el trasplante de un corazón humano. Fue por eso que la agencia estadounidense del medicamento (FDA, por sus siglas en inglés) aceptó el «uso compasivo» del órgano porcino. Según reportaron sus doctores, la operación fue todo un éxito y el hombre sobrevivió cerca de dos meses con el órgano trasplantado. Después, murió por una insuficiencia cardiaca. En la autopsia también se detectó que había contraído un virus porcino que podría haber contribuido a su fatal desenlace.