noviembre 30, 2021

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Una de las caras más feas de la pandemia: el trabajo infantil | Red de expertos | Planeta futuro

Una de las caras más feas de la pandemia: el trabajo infantil |  Red de expertos |  Planeta futuro

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Elizabeth se levanta todos los días a las 4 de la mañana para trabajar como vendedora de telas en las calles de la ciudad de La Paz, Bolivia. Sale muy temprano en la mañana con su madre que es pulidora. Tiene solo nueve años y asistió a clases hasta que su escuela cerró el año pasado debido a la pandemia. Ahora, por las condiciones económicas de la familia, trabaja para contribuir de alguna manera a sus magros ingresos. “Mi hija no está estudiando ahora porque no tiene forma de tomar lecciones virtuales. El único teléfono que tengo es muy antiguo, sin mencionar que internet es muy caro y funciona mal ”, dice la madre un poco desconsolada.

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Elizabeth es una de los más de ocho millones de niños trabajadores en América Latina y el Caribe, donde ha aumentado el número de familias con bajos ingresos o que han perdido su empleo debido al COVID-19 y que han utilizado el trabajo infantil como mecanismo de supervivencia. A pesar de la disminución de esta en la región en 2,3 millones entre 2016 y 2020, se estima que la crisis provocada por la pandemia podría revertir esta tendencia positiva. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), esta práctica podría aumentar a 326.000 niños, niñas y adolescentes más.

A pesar de la disminución del trabajo infantil en la región de 2,3 millones entre 2016 y 2020, se estima que la crisis provocada por la pandemia revertirá esta tendencia positiva.

El trabajo infantil daña física y mentalmente a los niños, socava su educación, limita sus derechos y limita sus oportunidades futuras. Según el último informe de UNICEF, 100 millones de ellos aún no reciben lecciones en el aula. Miles podrían estar en riesgo de no regresar a la escuela debido a la falta de recursos familiares y programas de apoyo del estado que ayuden a estas familias para que no tengan que recurrir al trabajo de sus hijos.

La combinación de la pérdida de empleos, el aumento de la pobreza y el cierre de escuelas es una tormenta perfecta para la proliferación de este tipo de explotación. Dejar la escuela e ingresar al mercado laboral prematuramente reduce las posibilidades de conseguir mejores trabajos en el futuro, perpetuando la trampa de la pobreza. Si bien reconocemos que ha habido avances en las últimas dos décadas en la región, las cifras de explotación infantil aún son demasiado altas y la crisis social y económica causada por la pandemia podría causar un retroceso dramático si no se toman medidas pronto.

Como muchas escuelas siguen cerradas y las familias pobres en aislamiento han perdido ingresos durante muchos meses, vemos que cada vez más niños y niñas de la región se incorporan y continúan incorporándose al trabajo infantil, incluso abandonando la escuela. América Latina y el Caribe esperaba ser la primera región del mundo en erradicarlo para el 2025. La pandemia ha hecho que esto sea cada vez más difícil de lograr. Es probable que se unan más menores de toda la región en los próximos meses, a menos que sus familias obtengan ayuda rápidamente.

¿Cuándo volverá Elisabeth a la escuela? Quizás en unos meses. Tal vez nunca. Lo que sí sabemos es que cuanto más tiempo permanezcan cerradas las escuelas, es más probable que los niños y niñas vulnerables abandonen la escuela. Ha llegado el momento de que los gobiernos aumenten el gasto en servicios públicos y especialmente en protección social. Se debe garantizar el acceso universal a una educación gratuita y de buena calidad y las escuelas deben reabrirse de manera segura, con medidas de salud y seguridad que protejan tanto a sus estudiantes como a sus familias y maestros. En tiempos de pandemia, las escuelas deberían ser las últimas en cerrar y las primeras en reabrir.

Este no es el momento de ahorrar. Por el contrario, es hora de invertir en escuelas para relanzar la recuperación económica de toda la región garantizando mejores oportunidades para la niñez y la adolescencia.

También es fundamental garantizar un trabajo decente para los adultos y jóvenes en edad legal para trabajar y prestar atención al trabajo infantil en la agricultura. Asimismo, es necesario promulgar leyes que protejan mejor a los niños, mejoren los sistemas de inspección del trabajo, hagan cumplir de manera efectiva los sistemas de protección integral o los fortalezcan cuando sea necesario.

En estos tiempos de crisis, todos los gobiernos de América Latina y el Caribe están bajo presión para recortar la inversión en educación. Sin embargo, ahora no es el momento de ahorrar. Por el contrario, es hora de invertir en escuelas para relanzar la recuperación económica de toda la región garantizando mejores oportunidades para la niñez y la adolescencia.

Jean Gough es el Director Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe e Vinícius Pinheiro Es el Director Regional de la OIT para América Latina y el Caribe.

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