abril 16, 2024

Viaje con nosotros a Su, un planeta real

Estamos a finales del siglo XXV. Viajamos al planeta Su a bordo de la nave espacial Nueva Pinta. Hace unos mil años que Rodrigo de Triana, marinero de Colón, avistó por primera vez el Nuevo Mundo precisamente desde la carabela Pinta. Y hace unos quinientos años, un par de astrónomos suizos descubrieron el primer exoplaneta alrededor de una estrella como nuestro Sol. Se abría entonces un nuevo horizonte, tierra por conquistar, tan fascinante como la llegada al continente americano.

Ahora sabemos que hay centenares de miles de millones de otros mundos sólo en la Vía Láctea, nuestra galaxia. El planeta Su es uno de ellos, un exoplaneta rocoso con nombre vasco.

Doblamos el espacio-tiempo

Gracias al dispositivo MEGA (Minkowski-Einstein-González-Arteagabeitia), nuestras naves tripuladas pueden doblar el espacio-tiempo y viajar a velocidades supralumínicas impensables hace tan sólo unas décadas. Justo en este momento pueden sentir la desaceleración de Nueva Pinta al salir del hiperespacio y entrar en órbita de Gar, la estrella alrededor de la que gira Su. Gar es una enana roja normal y corriente, como dos tercios de las estrellas de nuestra galaxia. Hablando en plata, es una estrella “del montón”.

Si miran por sus ventanillas y en sus pantallas, verán la superficie rojiza de Gar cubierta de manchas pardas y anaranjadas. Está a unos 3 000 ºC de temperatura. Pero no se preocupen: aunque nos acercamos mucho y rápidamente a la estrella, el blindaje de Nueva Pinta nos protege de cualquier radiación. Además, Gar es una estrella muy poco activa, como corresponde a su largo periodo de rotación, de unos 50 días.

Atraídos por el pozo gravitatorio de Su

La luz parpadeante ámbar en la cabina indica que estamos acercándonos al pozo gravitatorio de Su. En unos instantes verán por las ventanilla una bola de gas blancuzca. En realidad, sólo verán el hemisferio iluminado del planeta, que a los que viajen por el sistema solar les recordará a Venus.

En sus pantallas individuales pueden sintonizar la longitud de onda y visualizar Su en cualquier rango del espectro. En rayos X y ultravioleta se ven auroras generadas en su atmósfera por la caída de partículas de alta energía provenientes de Gar.

En el óptico, sólo se aprecia una capa uniforme y homogénea de nubes, principalmente de vapor de agua, que no permite ver la superficie. Pero en el infrarrojo se vislumbra una paleta de color más amplia: son corrientes atmosféricas que llevan gas muy caliente del hemisferio iluminado al oculto.

Los descubridores de los nuevos mundos: CARMENES

Antes de descender a la superficie en el módulo de aterrizaje de Nueva Pinta, repasemos un poco la historia de Gar y Su.

El punto de partida en su historia es CARMENES, un auténtico cazador de planetas situado en la sierra de Almería (Andalucía), en el observatorio de Calar Alto. Uno de los instrumentos del telescopio almeriense era un espectrógrafo de alta resolución espectral único en su época, ya que operaba simultáneamente en el óptico y el infrarrojo cercano. Ahora eso nos parece tecnología arcaica, pero llegó a ser el instrumento más avanzado para descubrir exoplanetas. ¡Casi la mitad de los exoplanetas a tiro de piedra del Sol los descubrió CARMENES!

Entre los mundos descubiertos por CARMENES está Teegarden’s b, famoso por sus complejos turísticos y su parecido al Mediterráneo terrestre. Su estrella, también una enana roja, la descubrió un astrofísico norteamericano de la NASA que le cedió su apellido: Bonnard J. Teegarden. Pero el planeta lo halló un equipo hispano-alemán que trabajaba con el avanzado telescopio en Almería. El mismo equipo descubrió Su y otro centenar de exoplanetas en el vecindario solar.

Ser astrónomo a principios de los 2000 debió de ser muy emocionante, ya que casi cada semana descubrían un nuevo exoplaneta. Muchos de ellos, especialmente los descubiertos con CARMENES, son los que en la actualidad visitan nuestras naves para investigaciones científicas, explotaciones mineras o, como en nuestro caso, turismo espacial.

Por cierto, que también se llama CARMENES la estación en la superficie de Su a la que nos dirigimos… Abróchense los cinturones porque estamos atravesando su gruesa capa de nubes. ¡Cuidado con las turbulencias!

El primer planeta con nombre vasco

¿Por qué Su se llama Su? Está relacionado con su alta temperatura, capaz de fundir el plomo. Su significa “fuego” en euskera, una lengua que sólo se habla en el País Vasco, una región al norte de Iberia. Y Gar significa “llama”. El resto de cuerpos menores que encontramos en este sistema también reciben nombres vascos relacionados con el fuego.

Los astrónomos que descubrieron Su lo llamaron originalmente Gliese 486 b. Sin embargo, al poco tiempo la Unión Astronómica Internacional (algo así como el Ministerio del Espacio de la Federación Unida de Planetas) anunció un concurso mundial para nombrar con lenguas indígenas 20 planetas y sus estrellas, incluyendo Su y Gar. Todos ellos estaban siendo observados con el telescopio espacial más grande de la época, el James Webb. Con el apoyo de muchos niños del País Vasco, los astrónomos propusieron los nombres actuales de Su y Gar, que la Unión aceptó.

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Así que ya saben por qué Su se llama Su. Justo a tiempo, porque ese ruido es el de los retrocohetes del módulo de descenso. Manténgase sentados con los cinturones abrochados hasta que la esclusa esté abierta. Recuerden que mañana visitaremos las piscinas de lava y al día siguiente iremos en spacebug hasta la cima del volcán activo Echeide (el Monte Olimpo de Marte a su lado es una chincheta).

¡Bienvenidos a Su!