noviembre 29, 2021

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Fallece José Pérez Francés, el melancólico campeón del ciclismo español | Deportes

Fallece José Pérez Francés, el melancólico campeón del ciclismo español |  Deportes
José Pérez ae Francés, paseando por Barcelona en 2009.
José Pérez ae Francés, paseando por Barcelona en 2009.Vincenzo Giménez

«Pepe, esta es la forma de llegar a Barcelona», le dijo Julio Jiménez a José Pérez Francés al mediodía del 2 de julio de 1965, viernes, y con un calor horrible en el Pirineo. Así empezó la subida a Puymorens, con el apoyo de Julio Jiménez, que le ayudó a arrancar, y a Barcelona le quedan más de 220 kilómetros, la solitaria fuga y la gran victoria de Pérez Francés en la undécima etapa del Tour, Ax les Thermes-Barcelona, ​​240 kilómetros.

Toda la ciudad, más de un millón de personas, según las crónicas de la época, alertadas por la radio, se dirigieron a las aceras para recibir a su héroe, quien, con su maillot rosa de Ferrys, se pasea entre las vías del tranvía Paral. lel, pasa frente a su casa, en la esquina de Sant Pau, y su restaurante, Las Banderas, desde donde lo recibe su esposa María, y desde la Plaza de Espanya, entre las Torres Venecianas, ataca el cerro de Montjuïc, circuito que corre tres veces antes de ganar la etapa con más de cuatro minutos de ventaja. No hay ciudadano barcelonés de la época que no recuerde el calor que pasó, dónde estuvo, en qué acera, en qué calle, el día que ganó Pérez Francés, y no hay aficionado que tras enterarse de la muerte del gran Ciclista, el jueves, en su Barcelona, ​​a los 84 años, no recordaba ese día. Y precisamente en el Montjuïc de su gran triunfo, fue incinerado el viernes por la mañana.

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José Pérez Francés (Peñacastillo, Cantabria, 27 de diciembre de 1936) era tan guapo que en su día lo llamaban Rudolph Valentino, y era tan serio que los franceses lo apodaron la bella ténébreux, el guapo sombrío, sombrío. Pérez Francés, fue, sobre todo, «muy especial y un buen ciclista, y un buen rival», recuerdan sus compañeros ciclistas de la época, principios de los 60, una primera época dorada del ciclismo español, la de Bahamontes, Poblet, Julio Jiménez , Pérez Francés, Manzaneque … Fue un genio que subió, tercero, al podio del Tour de Francia de 1963 (después de Anquetil y Bahamontes), un gran volante, un buen escalador, e inconsistente como su humor y sus caprichos. Su carácter único, que pocos han soportado.

«No me conocen», dijo cuando pensó que no lo estaban tratando con el honor que se merecía. «Una vez me dijeron, si no estás contento, te vas, y mi padre todavía me espera …»

Se fue de Cantabria a Barcelona, ​​donde se hizo ciclista. Profesional entre 1960 y 1969. Corrió en Bic con Anquetil, antes de que llegara Ocaña, el ciclista que tanto admiraba como Anquetil y cómo había abandonado a Bahamontes y Poblet, a quien no soportaba y con quien pasó años sin hablar. . Con Julio Jiménez, no, con Julio Jiménez, el Relojero de Ávila, el menos arrogante de los campeones, mantuvo su amistad hasta el final. Y entre los más jóvenes se quedó con Óscar Freire, su compatriota. Corrió en las Ferrys de Manzaneque y Bertrán, y en las Kas de Gandarias, López Carril y Errandonea. Ganó tres campeonatos de España como amateur y uno como profesional, dos Sethmanas catalanas, una Vuelta a Levante y tres etapas en la Vuelta a España, y fue el maillot rosa en el Giro de Italia.

Después de colgar la bicicleta, Pérez Francés siguió pedaleando casi todos los días con algunos amigos, y en ocasiones extendió su equipo a Tarragona para visitar a sus nietos. Para afinar la moto siempre iba a visitar a su amigo Sisquillo, hijo, con quien siempre recordaba a Sisquillo, padre, el mecánico de la selección española, Bahamontes, Coppi y sus amigos, y en sus conversaciones no había tiempo en que no. Fue así que Pérez Francés, luego de haberse caído de un terraplén durante una etapa del Tour, le dijo a Sisquillo que se le había caído el reloj, que era de oro, que podía bajar a verlo y dárselo al el hotel. Y así se hizo.

En 2009, el Tour hizo una nueva parada en Barcelona e invitó a Pérez Francés al escenario de honor junto a otros grandes personajes históricos del ciclismo español. Fiel a su espíritu y carácter único, el piloto se negó a aceptar la invitación. “Yo estaba con Bahamontes y Poblet. No tengo nada de qué hablarles «, le dijo a Lu Martín en una entrevista con EL PAÍS.» Prefiero ir a una cuneta con mis amigos «.

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