diciembre 3, 2021

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El himno de Maykel Osorbo y su puño en alto | Opinión

El himno de Maykel Osorbo y su puño en alto |  Opinión

Maykel Castillo Pérez es una rapera de 37 años que pasó 16 años en cárceles y centros de reeducación de menores, como un Antoine Daniel de La Habana Vieja. Cuando tenía diez años, durante la crisis de la balsa, su madre salió de la casa por un momento, dijo que regresaría enseguida y se fue a Florida.

Hace poco más de dos meses, a principios de abril, Maykel fue protagonista de un hecho sin precedentes. Con ayuda de la gente, logró escapar en medio de la calle de un policía que lo inmovilizó por el cuello y lo sujetó sin justificación. Alguien le prestó una bicicleta, mientras otro grupo de personas bloqueaba el paso de la patrulla, y Maykel huyó a Damas 955, sede del Movimiento San Isidro. Este grupo ha trascendido su configuración como entidad artística y ha hecho a Cuba repensar ciudadanos de diferentes signos ideológicos, tipos de exilio y educación sentimental no como una vergüenza, una maldición o un sinsentido, sino simplemente como un país, algo que merece ser salvado.

Rodeado de los vecinos que lo escuchaban en Patria y vida, el himno musical que dio al pueblo una consigna para oponerse a la retórica sacrificial del castrismo en la enfática guerra de consignas, Maykel levantó el puño derecho como un negro liberado. Las esposas colgaban sobre él. Alguien tomó la foto, granulada.

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Es una trayectoria que se puede contar a través de símbolos o pequeñas cápsulas narrativas, como traducciones políticas de un drama íntimo e intransferible mezclado con la fuerza del residuo histórico. La huida muestra, en primer lugar, el racismo establecido en las estructuras de vigilancia y control, y el gesto belicoso revela cómo el racismo realmente existente se agudiza, además, porque el Estado cree que lo ha eliminado, no lo reconoce.

Maykel no puede mostrarse. Su movilidad no solo desenreda cada madeja retórica que aún enmascara el fracaso de una revolución cuya justificación histórica es como él, sino que, cuando lo describen como marginado, criminal o, ese término proto-fascista, carne de prisión, su cuerpo se convierte en un dispositivo que revela la jerga aristocrática del partido.

Habiendo generado una imagen tan contundente, que hace de la calle un palenque, la ciudad una montaña y las estructuras de poder un cuartel, condujo a la policía a ingresar a la casa de Maykel en la tarde del 18 de mayo, se lo llevaron a pie. sin camisa, y acusado con desprecio, resistencia y ataque. Pasó por un penal del municipio de La Lisa, La Habana, por Villa Marista, la Lubyanka cubana, y hoy se encuentra en el penal Cinco y medio de Pinar del Río, en el occidente del país. Esto no se supo hasta dos semanas después, luego de que Naciones Unidas (ONU) lo declarara desaparecido.

Ya en 2018 Maykel había sido el único artista en cumplir prisión por haber protestado en un concierto contra el decreto 349, que buscaba actualizar la política cultural de censura ante la nueva realidad económica del país, pero que, finalmente, debió Agradezca, porque fue el partido que encendió el campo henequénico de una nueva conciencia política nacional.

A partir de ahí, a través de sus argumentos y, sobre todo, su directo en Facebook, Maykel se convirtió en una figura cada vez más popular y precisa, dueña de la erudición que le permitió haber podido estudiar hasta cuarto grado, mereciendo esa frase de María Moreno. : «El error no está mal: él sabe lo contrario». En uno de sus actos de desobediencia más maliciosos y vengativos, De preso a pioneroMaykel cambió el traje de la prisión por el pañuelo rojo y el uniforme de un estudiante del socialismo. Poco antes, le habían cosido la boca, atravesando así el arco de la violencia ideológica y física.

Asistimos en tiempo real a la lucha de un individuo que quiere escapar del círculo infernal al que lo ha enviado la pobreza (hay puñaladas y señales de muerte por todo el cuerpo), y del cual la policía política no quiere dejarlo. . Pero no es una historia de superación personal que pueda ser absorbida por la verborrea filantrópica del sistema, sino más bien una historia de superación personal que se puede replicar a nivel personal. Esto sucede porque Maykel dice: “Lo único, lo singular, es común; lo excepcional es público ”.

Como cabalista yoruba, su fuerza y ​​las huellas de su destino residen en su nombre artístico: Maykel Osorbo. Hay muchas cosas a las que apuntar aquí, diferentes líneas de significado. El nombre artístico suele disfrazarse o esconderse, su emblema es el artificio. El nombre Maykel, en cambio, revela y descubre, es una palabra que nombra al revés, que descubre y exhibe qué idioma se dedica a esconder y qué nadie quiere ver.

OsorboEn el dialecto yoruba significa que alguien tiene mala suerte, que se mueve en un ambiente negativo, que nunca alcanzará la prosperidad. Es un nombre que cualquier artista evitaría. Llamándose a sí mismo así, Maykel altera el equilibrio, y lo que lo convirtió en un líder callejero es precisamente que no hay nadie en Cuba hoy que no esté allí. osorbo. Si Maykel hubiera sido llamado voy a irEs decir, buena suerte, desarrollo, salud, dinero, era directamente un artista inofensivo, otro que convertiría la religión popular en un mero fetiche artesanal, en hardware popular.

El 16 de diciembre de 1926, en su diario de Moscú, Walter Benjamin señaló esta idea fundamental: «Una historia de la cultura mostraría cómo, a lo largo de los siglos, la energía revolucionaria tiene su origen en la religiosidad de las clases ignorantes y la ‘intelectualidad'». luego se descubrirá más como la vanguardia de la «ignorancia» que como un ejército de desertores de la burguesía «.

El otro gesto que actualiza la tradición y transforma la oralidad del panteón litúrgico en un código vivo es el descuido filtrado, inherente a un rapero que navega por la pronunciación: osorbo está escrito osogbo. El error corrige entonces el término que significa desgracia y atraso, una muesca que introduce una salida moderna del mandamiento cerrado.

Al llevarlo a la cárcel, el castrismo quiere que Maykel se vuelva a llamar Nadie, que lo convierta en un número, en una noticia. Ese regreso no parece posible. Parafraseando a Ulise antes que Polifemo, muchos cubanos ya pueden decirle al Cíclope del estado: mi nombre es Osorbo, y Osorbo todos me llaman mi mamá, mi papá y mis compañeros.

Carlos Manuel Alvarez es un escritor y periodista cubano, editor de la revista estornudar