diciembre 1, 2021

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El horror del error | El país semanal

El horror del error |  El país semanal

Hace unas semanas, la escritora Nuria Labari publicó un artículo en EL PAÍS titulado «Por qué nos gusta Kate Winslet más gorda y mayor que como musa de Titánico‘. Yo leo en línea y me encantó, así que viendo que tenía cientos de comentarios pensé que eran loables. Pero no; para mi asombro, fue una paliza violenta. Lo regañaron por pensar que Winslet era gordo y viejo, lo que me hizo suponer que la gente se quedaba sola en el título y no había leído el texto. Porque lo que dijo Labari fue que la industria cinematográfica consideraba a Kate, y a las mujeres tan normales y reales como ella, gordas y viejas, lo que lamentablemente es bastante cierto: no se suelen ver mujeres de esa edad, al menos sin ser reconstruidas. Vienen las cejas, de las estrellas de Hollywood. De hecho, el artículo terminaba con esta frase: «La belleza y la verdad eran siempre lo mismo», lo que indica que la autenticidad de Winslet era exactamente lo que la hacía tan hermosa. Sin embargo, para mí, y creo que para la mayoría que lo leyó en su totalidad, el significado del texto fue evidente. Esto no evita que confunda a alguien, porque leer se traduce en su momento personal, en su visión del mundo; Pero lo que de verdad me preocupa es toda esa multitud que se limitaba a ver el título y con él ya pensaban que lo sabían todo (horror al error), por lo que la frase, descontextualizada y deshuesada, bailaba a su manera por las redes y recogía. un lindo linchamiento para Labari.

Esa misma semana publiqué en mi Facebook, como siempre, mi colaboración este domingo. Una lectora que a menudo escribe en la página con un sentido del humor hilarante, la Sra. Bamba, comentó: «Espero que este artículo sea una entrada programada, una dama de su categoría no puede estar a las 7:30 am subiendo cosas a Facebook». Me reí y respondí: cosas de insomnio. Pero un puñado de personas, creyendo que doña Bamba me atacaba, salió en mi defensa y le mordió los tobillos por un rato. Incluso el hecho de usar un seudónimo les parecía sospechoso, lo que entiendo, sin embargo, porque Internet está lleno de locos acurrucados detrás del anonimato. Aunque el cariño protector de mis campeones me conmovió mucho (gracias amigos), los mordiscos recibidos por la encantadora Doña Bamba me parecen un malentendido demoledor. Creo que la violencia que recorre internet como un tornado fomenta estos malentendidos: todos siempre pensamos en lo peor y a lo que salta.

Pero este estado generalizado de confusión puede tener una causa aún más inquietante. Lo digo en pocas palabras: nos estamos volviendo mudos. O al menos estamos perdiendo sutileza. Triunfa el pensamiento lineal y se deteriora esa maravillosa capacidad caleidoscópica de la mente humana que nos ha permitido manejarnos en la ambigüedad, el doble sentido, la ironía y la metáfora. Vivimos en el reino de la literalidad, como el adorable Asperger Sheldon Cooper, el personaje de la serie. La teoría del Big Bang, que es un genio de la física incapaz de comprender el chiste más simple.

Y lo peor es que el origen de todo esto podría ser neurológico, porque, al parecer, la multitarea, que consiste en hacer cosas como chatear o navegar por internet mientras miras la televisión o escuchas música, está asando el cerebro (tengo que confesar, horror, siempre lo hago). Un estudio de 2014 del University College London sobre la influencia de la multitarea en la estructura del cerebro indica que cuanto más tiempo pasas haciendo estas tonterías simultáneamente, menor es la densidad de materia gris que tienes en la corteza del cingulado anterior, una esquina del cerebro. con el nombre pistonudo y muy actual, porque es fundamental para procesar la información y para detectar errores y conflictos (cuenta la genial Nuria Oliver, una autoridad mundial en inteligencia artificial, en el libro colectivo Los nativos digitales no existen). Y esto es precisamente lo que nos falta ahora: la capacidad de comprender lo complejo, la sabiduría para descubrir manipulaciones y mentiras. Una tragedia, porque el dominio de la ambivalencia y la ironía son valores tan esencialmente humanos que es lo que las máquinas aún tienen que reproducir. Cuantos más burros, más inútiles seremos, más obsoletos, menos gente.

@BrunaHusky www.facebook.com/escritorarosamontero www.rosamontero.es