mayo 13, 2022

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Entre la libertad y el miedo | Opinión

Entre la libertad y el miedo |  Opinión
Un manifestante con la bandera colombiana durante el paro nacional indefinido contra el presidente Iván Duque.
Un manifestante con la bandera colombiana durante el paro nacional indefinido contra el presidente Iván Duque.CAMILO ERASSO / ZUMA PRESS / CONTACTOPHOTO / Europa Press

Hace algún tiempo, traídos de sus deberes literarios, llegaron a Bogotá desde México la poetisa María Baranda y el ensayista y crítico literario Christopher Domínguez Michael.

Encontramos tiempo para reunirnos un rato en el “Café Pasaje”, muy cerca de la Plazoleta del Rosario, el mismo lugar donde unos exaltados y autodenominados indígenas recientemente demolieron la estatua del conquistador Jiménez de Quezada. López Obrador aún no había llegado a la presidencia de su país, pero nadie ha argumentado que deba ser así, inexorablemente.

Recuerdo que la conversación divagó un rato por el destino, en poco más de un cuarto de siglo, de las democracias de nuestra América de aquellos años 90 cuando se pensaba que, aun con enormes dificultades, el debate de ideas y arriba Todo, la alternancia democrática podría convertirse en la consigna de toda la región, en lugar de pronunciamientos militares de medianoche, consignas molotovans, ansiedad ciudadana y balas.

También recuerdo que mencioné de paso el libro del escritor y político colombiano Germán Arciniegas que da título a esta columna. Durante la pandemia y hasta ahora esta peligrosa quincena en Colombia, a menudo pensaba en ese libro, me venía a la mente esa frase inquietante que, según Arciniegas en un prólogo, le vino a la mente a su esposa, Gabriela, mientras investigaba y redactaba el libro durante una estancia en la Universidad de Columbia a finales de la década de 1940.

Su libro es un diagnóstico exhaustivo del estado de nuestras repúblicas en la posguerra inmediata. Con cifras muy asentadas y apegadas a sus ideas democráticas y su forma de ser muy liberal, el panorama que ofrecía Arciniegas era desolador.

Eran los días de Foster Dulles y las conferencias interamericanas en Bogotá y Caracas, de la «internacional de espadas»: un continente subyugado por dictaduras militares ignominiosas y cuyas relaciones con Estados Unidos estaban dominadas por los motivos de la Guerra Fría. Las mismas razones con las que, acusándolo de comunista, la CIA y la reacción local derrocaron al guatemalteco Jacobo Árbenz.

Para revivir una idea clara de la época, se recomienda la novela extraordinaria Tiempos difíciles, de Don Mario Vargas Llosa y de los trágicos y lúcidos recuerdos de Juan Bosch. La banda sonora de esta sección de mi columna está a cargo de Luis Alcaraz y su orquesta.

El destino de los libros es sorprendente. El de Arciniegas, a pesar de ser, como dije, escuálido, actuó sobre los demócratas latinoamericanos que lo leyeron en su día, el efecto vivificante de una convocatoria. Sospecho que conmovió más a los activistas de mentalidad liberal que a los comunistas altruistas de la época. Lo cierto es que la censura militar continental y la crítica al conservadurismo le hicieron correr un destino en la década de 1950 muy similar al que tuvo que jugar años después. Las venas abiertas de América Latina, por Eduardo Galeano cuando tengamos la información.

En mi país, el libro se ha convertido en un objeto complementario, casi un amuleto de la suerte, de los devotos militantes clandestinos de Acción Democrática, el partido del socialdemócrata Rómulo Betancourt.

Entonces esa descripción, sin mitigar el tamaño y el poder del adversario -el militarismo y sus dictaduras en toda nuestra América- fue el acicate de muchos luchadores democráticos perseguidos por los esbirros de Perón, Pérez Jiménez, Anastasio Somoza, Rafael Trujillo o Manuel que yo odiaría. .

Aunque escrito en Nueva York, Entre libertad y miedo no podría tener un origen más latinoamericano. Arciniegas se sentó a escribirlo a instancias de otros intelectuales hispanoamericanos que, como él, participaron en el legendario seminario latinoamericano fundado por el gran latinoamericano Frank Tannembaum en la Universidad de Columbia.

Tannembaum, al que Enrique Krauze dedicó uno de sus ensayos más esclarecedores y conmovedores, El gringo que entiende a México, fue un hombre que amaba mucho a nuestras naciones solo para ser injustamente insultado por la izquierda dogmática latinoamericana hace medio siglo.

En las últimas noches de esta temporada colombiana, tan llena de violencia insensata y presagios autoritarios amenazantes, me acompañó Arciniegas y, por asociación de ideas, también Tannembaum – volví a uno de sus clásicos: «América Latina, revolución y evolución ”- gracias a la brillante memoria que el colombiano guarda de su persona y de sus seminarios.

También tomé de la Biblioteca Arango, un libro que Krauze reflexionó con detenimiento en su ensayo y que no conocía: «México: la lucha por la paz y el pan». De Arciniegas a Tannebaum y de regreso a Tannenbaum, comentado por Krauze.

Son lecturas que humildemente me atrevo a recomendar en esta hora tan grave a todo joven colombiano que ama la justicia social y la libertad.