octubre 1, 2022

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Rearticular la democracia en Chile | Opinión

Rearticular la democracia en Chile |  Opinión
Un niño observa a su madre emitir su voto en Temuco, Chile, el 17 de mayo.
Un niño observa a su madre emitir su voto en Temuco, Chile, el 17 de mayo.Juan González / REUTERS

El fin de semana pasado fui elegido, por votación popular, junto con otros 154 ciudadanos para formar parte de la Convención Constituyente. Cumplí 19 dos semanas antes de derrotar a Pinochet en el plebiscito de 1988. En esos días, lo que más me importaba en el mundo era el fin de su tiranía. Crecí con la idea de que el cielo se llamaba democracia. Luego la imaginamos cantando, bebiendo y fumando en los parques. La verdad es que todos los demócratas eran concertacionistas. El ala derecha, los pinochetes, habitaba otra órbita espiritual. Querían lo impensable: que continuara la dictadura. Hoy se ve como una tontería y un absurdo -para mí lo fue- pero el presidente Patricio Aylwin dijo algo muy cierto: que todos teníamos que encajar aquí. Entonces queríamos que esa cosa maldita desapareciera, pero la cosa maldita nunca desaparece. Silencio. Estoy seguro de que los que apoyaron el golpe lo volverán a apoyar y los que mataron por sus sueños volverán a intentarlo. Cada uno de forma diferente y por otras razones aparentes. Algunos se vuelven locos por el orden, otros por la transformación.

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Con excepciones, mi generación ignoró al público. Los que no lo hicieron fueron demasiado obedientes. Sus padres eran héroes a los que no se podía faltar el respeto y para hacer progresar la historia hay que perder el respeto. El resto, creemos que el estado y su territorio eran territorio subyugado. El público no permitía libertinaje de ningún tipo y mi generación estaba harta de los controles. Si somos francos, el individualismo, todo el mundo lo sabrá, fue también la respuesta de la mayoría a un aburrimiento de distintos colores. Hicimos nuestro el neoliberalismo heredado por razones muy diferentes: para mí y mis amigos significó asumir una cierta anarquía cultural, una búsqueda ilimitada, mientras que para otros implicó una invitación a la riqueza temeraria. Y así hemos perdido de vista a la comunidad.

Había que crecer otra generación, nacida en el mismo año de ese plebiscito, uno antes o uno después, para que esta época de crecimiento económico (el producto nacional multiplicado por cinco), comenzara a cuestionar con fuerza lo que se había construido en estas décadas de democracia neoliberal. Primero como estudiantes de secundaria, para el «Pingüinazo» en 2006, y poco después como estudiantes universitarios para el movimiento estudiantil en 2011. Con ellos volvieron las movilizaciones sociales desactivadas por el gran acuerdo político que puso fin a la dictadura. A esto se suman los movimientos ambientalistas contra Hidroaysén (una mega central hidroeléctrica en la Patagonia), la diversidad sexual, las marchas No Más AFP, las mujeres y su lucha antipatriarcal. Y mientras todo esto sucedía, el sistema político seguía impertérrito. En pocas palabras, el poder ha permanecido en manos de los mismos partidos políticos y sus propios líderes, y la riqueza se ha concentrado cada vez más en las mismas pocas manos.

Al mismo tiempo, las comunicaciones en todo el mundo estaban experimentando la mayor transformación tecnológica de su historia. En 1991, Berners Lee creó el primer sitio web, y hoy, «mientras escribo estas líneas», dijo Alessandro Baricco en su libro. El juego– Son 1.000.284.792 de esos espacios virtuales en los que es posible almacenar y compartir textos, música, fotos, vídeos … En 1998 apareció el buscador de Google, aunque recuerdo que en La clínica, la revista que tuve que fundar ese mismo año, no teníamos internet y dibujábamos sus páginas en cartulina, en una mesa de laboratorio, con imágenes recortadas de otras publicaciones en papel. En 2002 apareció Linkedin, la primera red social, y en 2003 Blackberry, el primer Smartphone que realmente llegó a la gente. Facebook nació en 2004, YouTube en 2005 y Twitter en 2006. No creo que valga la pena continuar. Las conexiones fijas de Internet en territorio chileno a mediados de 2020 superaron los tres millones y medio de terminales y los celulares con 4G superaron cinco veces esa cifra. Todavía hay muchos desconectados, pero nunca se han compartido tantos accesos a datos, noticias, conocimientos y todo al mismo tiempo.

La epidemia social que hemos visto en Chile desde octubre de 2019, una vez más detonados por escolares por el aumento de 30 pesos en el boleto del metro, ha sacado a las calles todos esos mundos, culturas, identidades, carencias, frustraciones es un hecho. . del mundo del poder durante estas tres décadas. Cecilia Morel, la primera dama, dijo que parecían «extraterrestres». Lo cierto es que en diferentes partes del planeta estamos viendo organizaciones políticas en crisis. Según el politólogo e investigador del Instituto de Ciencias Humanas de Viena, Ivan Krastev, “durante la última década … más de 90 países de todo el mundo han sido testigos de grandes protestas masivas. Millones de personas han logrado organizar numerosas y duraderas iniciativas fuera de los partidos políticos y con desconfianza en los medios de comunicación, con pocos líderes visibles y casi siempre evitando una organización formal «(¿Ya es mañana? Debate, 2020).

La elección de la Convención Constituyente que acabamos de vivir en Chile ha dado un voto muy bajo a los partidos tradicionales, tanto de derecha como de centro izquierda. La regla de igualdad de sus integrantes, establecida de antemano para favorecer a las mujeres, terminó corrigiéndose a favor de los hombres. 17 de sus miembros pertenecen a pueblos indígenas y la gran mayoría de los electos son profesionales independientes, muchos de organizaciones locales, muy pocos de la élite política, social y cultural. Fueron pocos los rostros televisivos que solicitaron y obtuvieron el apoyo de la ciudadanía.

La tarea que tenemos por delante no será fácil, no hay partidos políticos que la estructuran, pero sin duda es necesaria y sumamente interesante. Se trata de la actualización de nuestra democracia, de un país que se mira a los ojos y enfrenta el desafío de acordar una carta fundamental que oriente su desarrollo futuro sin exclusiones y en busca de la paz social. El brote, que ha centrado la palabra «Dignidad», busca ahora un canal institucional. Un esfuerzo por mejorar la colaboración sobre la competencia, la sostenibilidad sobre la rentabilidad inmediata, la curiosidad por el otro en lugar de la imposición autoritaria. Su principal desafío es relegitimar las instituciones y fortalecer la soberanía ciudadana. Es un ciclo de nuestra historia política que se cierra en medio de un cambio de época. Una apuesta republicana por estos tiempos inciertos.

Patricio fernandez, periodista y escritor, es votante electo

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