abril 24, 2024

Felicitaciones, entre empanadas y confesiones.

Empezaron a tejerse las ilusiones del reencuentro, necesario par trazar un horizonte a futuro en un presente que aparecía tan oscuro.

No había aniversario redondo ni puntual alguna razón. Simplemente el chat comenzó a resultar insuficiente para contenter todo lo que la virtualidad no puede ofrecer: mirarse a los ojos y descubrir la emoción que pugna por no convertidor se en llanto, intercambiar un guiño cómplice y saber que ahí ya no hacen falta las palabras, Compartir una risa franca y genuina detrás de algún comentario, soplar velitas demoradas, estrecharse en un abrazo fraterno, hacer malabares para que aparecieron todas en la foto que quedarán como recuerdo.

La última reunión de egresadas fue apenas unos meses antes de la pandemia. Ahí confluimos las cuatro divisiones de 5° año, y volvimos al colegio, al viejo edificio del Lenguas Vivas de la calle Carlos Pellegrini. A nuestro colegio, porque al Lenguas no se iba; del Lenguas se era. Después de ese encuentro, el chat floreció como nunca; muchas de nosotras jamas cursamos juntas, pero eso paso a ser lo de menos.

Cuando el Covid irrumpió en nuestras vidas, el WhatsApp se convirtió en refugio de tristezas, alegrías, despedidas a distancia, acompañamiento en los duelos, postales de humor que sirvieron para paliar la angustia y la incertidumbre. También obtendrá a tejerse las ilusiones del reencuentro, lejanísimo por aquellos días de encierro y restricciones, pero necesario para trazar un horizonte a futuro en un presente que aparecía tan oscuro.

Con la pandemia ya atrás, la idea empezó a tomar cuerpo. Se pensó en el próximo aniversario, se habló de un viaje redondo, se tiraron algunas propuestas, hasta que alguien presumió no esperar tanto y organizar algo tal vez menos ambicioso pero más certero y, sobre todo, más cercano. Mensaje va, mensaje viene, Sonia – excelente anfitriona y un modelo de organización – finalmente ofreció su casa, y el demorado encuentro concretó en una esppléndida tarde de sábado.

Sentadas a una mesa, entre empanadas, tortas, té y café, fueron y concluyeron confesions, sinsabores, alegrías, sueños, proyectos. La vida, ni más ni menos. Y la alegría palpable de saberse tan contenida para compartir sus avatares.