mayo 13, 2022

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Colombia: La muerte sin cuerpo (ni certezas) del guerrillero Jesús Santrich | Internacional

Colombia: La muerte sin cuerpo (ni certezas) del guerrillero Jesús Santrich |  Internacional
Jesús Santrich en 2019, escoltado por los carceleros del penal de Bogotá donde se encontraba detenido por narcotráfico.
Jesús Santrich en 2019, escoltado por los carceleros del penal de Bogotá donde se encontraba detenido por narcotráfico.Fernando Vergara / AP

La muerte del guerrillero Jesús Santrich sigue envuelta en un misterio 24 horas después de que se dio a conocer al mundo. No hay un cuerpo, ni un lugar exacto del ataque, ni un grupo armado que reclame la responsabilidad por el momento. La caída del disidente de las FARC, que con su fuga en 2019 puso en entredicho el proceso de paz colombiano, esconde ahora más incógnitas que certezas.

Los únicos que han establecido fecha, hora y modus operandi a la muerte de Santrich, a los 53 años, son los propios disidentes. En un comunicado publicado en su sitio web, dicen que el comandante murió el lunes pasado en una emboscada. «Ejecutado por comandos del ejército colombiano», según esta versión, habría tenido lugar en la Serranía del Perijá, en territorio venezolano, según los disidentes. El camión en el que viajaba Santrich sería atacado con fusileros y granadas. Después del crimen, los atacantes cortaron el dedo meñique de la mano izquierda, que tiene como objetivo facilitar la identificación. «Unos minutos después, los comandos fueron sacados de un helicóptero amarillo con destino a Colombia».

Una fotografía de Santrich impulsa la declaración. Aparece con una gorra, un saxofón en la mano y unas gafas negras que ocultan sus problemas de visión. Le costaba ver. La versión de la disidencia, que se autodenomina Nueva Marquetalia, formada por guerrilleros que participaron en el proceso de paz en La Habana y finalmente traicionaron el acuerdo y volvieron a las armas, suscita muchas dudas. En el pasado, el grupo armado no ha dudado en mentir por sus propios intereses. El gobierno colombiano, por ahora, niega su participación en la operación. Una incursión en territorio venezolano podría generar un conflicto diplomático entre dos países que actualmente no tienen relación. El gobierno de Iván Duque suele acusar al presidente Nicolás Maduro de permitir tácitamente la presencia de grupos guerrilleros y cárteles del narcotráfico, a veces en connivencia entre sí, en esa zona fronteriza, corredor por el que pasan toneladas de cocaína cada mes.

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Venezuela, como es habitual cuando se trata de cuestiones fronterizas, se ha mantenido en silencio. Los analistas de ese país especularon que los mercenarios fueron los autores del asesinato de Santrich. Estados Unidos ofreció una recompensa por su captura de diez millones de dólares y Colombia otros 620.000. El disidente huyó a Venezuela poco después de salir de la cárcel y tomar posesión de su escaño en el Congreso de Colombia, según consta en el acuerdo de paz. Allí pudo luchar legalmente para evitar su extradición a Estados Unidos, que lo acusó de enviar 10 toneladas de cocaína a su país. Santrich lo dejó todo hace dos años, huyó a Venezuela y allí volvió a su antigua vida clandestina.

La inteligencia colombiana cree que se mudó primero a Caracas, donde recibió la protección de los grupos de choque chavistas. Posteriormente se trasladó a esa zona fronteriza, un territorio sin ley y donde casi no hay presencia estatal, operan varios grupos armados que tejen alianzas y se traicionan en el momento oportuno. Esta es la versión de Javier Tarazona, director de la ONG FundaRedes, que suele informar sobre asuntos rebeldes. Él cree que la ubicación exacta de Santrich solo podría conocerse desde Caracas y que debería haberla proporcionado a los atacantes.

Esta hipótesis plantea aún más preguntas. Porque el gobierno venezolano, según analistas, ha consentido a la Nueva Marquetalia y al ELN en su presencia en el país, pero ha combatido otra disidencia de las FARC, la que lidera Gentil Duarte. La Marquetalia y Duarte han intentado negociar para entenderse y tratar de formar un grupo menos atomizado. No lo han logrado. El ejército venezolano, en su mayor despliegue en décadas, lleva dos meses persiguiendo al pueblo de Duarte, al abrigo del río Arauca, en otro punto de la porosa frontera con Colombia. Allí los insurgentes, en venganza, secuestraron a ocho soldados venezolanos que Caracas ahora intenta recuperar. Es difícil saber qué papel jugó este secuestro en la muerte de Santrich o qué efecto pudo haber desencadenado, pero no se puede descartar que ambos eventos estén conectados de alguna manera.

Ni que Duarte esté detrás de lo sucedido. Tanto él como Iván Márquez, otro ex miembro de las FARC que traicionó el proceso de paz al que se sumó Santrich, tenían la ambición de comandar el renacimiento de una guerrilla que con el tratado de 2016 desmovilizó a 13.000 combatientes y se integró a la vida política. Los tres tomaron otro camino. La desaparición de Santrich es consistente con esa decisión.

Sin embargo, casi se desconoce cómo fue. Sorprende la falta de imágenes del momento o momentos posteriores. Hay cobertura de internet en esa zona que viene del lado colombiano. También es sorprendente que no haya más víctimas en una operación de esta magnitud. Santrich debe estar rodeado por al menos una docena de hombres armados. Hay muchas incógnitas. La verdad sobre la muerte del guerrillero ciego aún no se ha escrito.

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