mayo 22, 2022

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La sequía que se apodera de México, una tragedia predecible y devastadora

La sequía que se apodera de México, una tragedia predecible y devastadora

La sequía que afecta a México es un fenómeno recurrente que deja un rastro de emergencias y daños con cada visita. El 84% del territorio sufre sequías de diversa intensidad, agravadas por la falta de lluvias en los últimos meses, según el Monitor, el organismo de Conagua que lo monitorea. Aunque estaba previsto y lo contemplaba la evolución histórica del clima en el país, la sequía sorprendió a Ermenegildo Martínez, un pescador de Veracruz que ha visto cómo la laguna donde pescaba se ha secado en los últimos ocho meses. «Tenía 13 metros de profundidad y ahora está a solo 10 centímetros de distancia, en menos de una semana lo habremos perdido por completo», dice. A 1.300 kilómetros, en Sinaloa, el campesino Gumaro López se contagia del dolor del pescador. Al igual que Martínez, sufrirá pérdidas en su producción y advertirá que los precios subirán. Los otros dos episodios de sequía extrema que azotaron a México ya ocurrieron en 2011 y 1996 y de los cuales, ha quedado claro, no se ha aprendido lo suficiente.

La ubicación y el clima hacen que México sea particularmente vulnerable a períodos de poca lluvia y estaciones húmedas. Sobrevivir a la estación seca depende de la cantidad de agua que se pueda acumular durante los meses en que llueve. Durante 2020, las lluvias no han podido abastecer por completo a todas las presas del sistema y ahora, como resultado, de las 210 presas más importantes de México, más de la mitad están por debajo del 50% de su capacidad. Además, 61 de ellos se encuentran en estado crítico con menos del 25% de agua, principalmente en el norte y centro del país.

Si bien la históricamente árida región de México está acostumbrada a sufrir sequías extremas -60% del territorio- en Veracruz este año, el fenómeno también ha dejado escenarios aterradores. Ermenegildo Martínez es pescador desde hace más de 20 años y trabajaba en la laguna de Farallón, un embalse de agua dulce que alimentaba a 200 familias que se ganaban la vida con la pesca. Hace ocho meses empezaron a notar que el descenso del nivel del agua era cada vez más pronunciado hasta que no quedaba ni para cubrir las rodillas de los pescadores. «La sequía es muy severa, y hay que agregar que se ha saqueado el agua de la laguna para uso de los ganaderos y para el riego de los ranchos de la zona», denuncia Martínez, quien una vez logró sacar cinco kilos de mojarra que Salía 250 pesos diarios.

Martínez había visto caer el nivel de la laguna en otras ocasiones, especialmente en las «estaciones secas» que ocurren de septiembre a mayo. La última gran sequía de 2011 provocó una hambruna y una emergencia humanitaria en el estado de Chihuahua. En ese período el 95% del país se vio afectado por el fenómeno y casi una cuarta parte del territorio sufrió el nivel más alto: sequía excepcional. Las cifras más recientes están peligrosamente cerca con el 83.9% de México en sequía.

En el municipio de Ecatepec, Estado de México, Flavio Roblero va dos veces por semana con sus jarras vacías a un cruce de calles con un desagüe abierto, lo llena y regresa a casa.Foto | Video: Teresa de Miguel

Benjamín Martínez López, investigador del Centro de Atmósfera de la UNAM, explica que cuánto llueve o deja de llover, así como la duración de la sequía, depende de un sistema atmosférico complejo y de la relación entre el fenómeno de El Niño y La Niña. Cuando las aguas superficiales del Pacífico oriental, las que rodean las costas de México, se enfrían, no llueve en el continente, como está sucediendo ahora mismo. Este fenómeno se conoce como Niña. Tendremos que esperar a que las masas de agua tibia en Indonesia se trasladen al otro lado del océano, calienten la superficie de las costas y con el agua evaporada se formen lluvias y huracanes. “Ahora mismo la niña se está retirando y en las próximas semanas la superficie del agua se calentará y empezará a llover”, explica.

Este fenómeno cíclico determina en el calendario cuándo llegarán las estaciones húmedas y secas y cuánto durarán. López agrega que dentro de estas variaciones hay tendencias de períodos menos lluviosos o más secos que pueden durar hasta 15 años y que, a pesar de la sequía que sufre México, la precipitación promedio ahora está aumentando en comparación con hace 20 años. En 1996, la peor de las sequías registradas provocó pérdidas incalculables en los cultivos, al punto que las exportaciones se paralizaron y los ganaderos vendieron su ganado para que no pasaran hambre. Desde entonces, la cantidad de agua de lluvia ha aumentado. “El cambio climático está provocando la generación de más niñas, lo que se traduce en más huracanes y más lluvias en la región”, puntualiza. Entonces el agua que llueve sobre México debería ser suficiente, el problema radica en otros factores.

José Antonio Benjamín Ordoñez-Díaz, profesor del Instituto Tecnológico de Monterrey, señala que la sequía siempre ha existido, pero la acción humana ha agravado sus consecuencias y empeorado la disponibilidad de agua. La deforestación, la extensión de áreas urbanizadas y la transformación de tierras como bosques o humedales en campos han obstaculizado la capacidad de retención de agua. “Cuando cortas un árbol, llevas la mitad de su peso en el agua que tenía ese ecosistema”, señala para explicar que sin vegetación el agua no se infiltra en el suelo y se evapora más rápido. Con el aumento de las temperaturas en los últimos años (en 1985 la temperatura media anual era de 20,4 grados, en 2019 era de 22,4), el fenómeno se acelera. Como resultado, los suelos se secan más rápido y estallan incendios que devastan la vegetación y la biodiversidad.

Los restos de un pelícano que se arrastró hasta morir en el lodo en medio de la laguna Farallón en el municipio de Actopan, Veracruz, el 21 de abril de 2021. México enfrenta una sequía histórica en la que, según datos oficiales, más del 88% del territorio nacional se encuentra en sequía severa y el 8% en sequía extrema.

GALERÍA DE FOTOS: Las lagunas en México de la sequía

El uso de agua en México -donde el 76.6% se utiliza para riego agrícola, el 14% para consumo doméstico y el resto para industria y electricidad- no favorece el mantenimiento en el tiempo del acceso a este recurso. Judith Domínguez, investigadora del Colegio de México y coordinadora del Observatorio de Seguridad del Agua, apunta a la gestión pública del recurso como otro factor importante. «Estamos mejor preparados con información, pero al final todo está sujeto a decisiones políticas y espontáneas cuando deben ser decisiones preventivas con criterio técnico», dice. “Si sabemos que tenemos una sequía cíclica, deberíamos cambiar los cultivos. Por ejemplo, en los estados del norte muy áridos se cultiva alfalfa, que requiere mucha agua ”, denuncia la investigadora. Además, propone que si se pronostica una sequía con varios meses de anticipación, se podría modificar el uso del agua doméstica y agrícola para reducir su consumo. “Al final se confirma lo que dicen los informes internacionales sobre la crisis del agua: es una crisis de gestión y gobernabilidad”, concluye.

La laguna de Farallón, con su tierra oscura y agrietada que ha florecido como en otras lagunas del país, es un claro ejemplo de ello. En la década de 1940 el agua era escasa como ahora, pero al menos podía alimentarse del agua de los arroyos que fluían desde las colinas. Sin embargo, el huracán Hilda en 1955 volvió a llenarlo hasta los topes y gracias a ello pudo mantener buenos niveles a lo largo de los años. Sin embargo, la sobreexplotación agrícola de la caña de azúcar reemplazó la agricultura estacional, la tala de la vegetación de las colinas drenó los arroyos y el hormigón de la urbanización inundó la tierra. Como resultado, la laguna estaba perdiendo sus fuentes de suministro y ahora es un espejo de solo cuatro pulgadas de profundidad. Martínez asegura que esta agua se evaporará en siete días y que no se puede recuperar. «Lo que vamos a hacer es en lo que vamos a empezar a pensar ahora que no tenemos dónde pescar», dice el pescador.

Vista de la isla en la parte central de la laguna de Cuitzeo, Michoacán

En el norte de México, la tragedia se repite. Gumaro López Cuadras cultiva maíz y frijol desde hace 40 años en el valle de Évora, en el centro del estado de Sinaloa. Cuando se informó que los niveles de la represa habían bajado drásticamente, alcanzando un promedio del 18,23% de su capacidad el 15 de abril, implementó un sistema de riego que reduce al menos a la mitad el caudal de agua que lo lleva a su campo. salva tu cosecha de leguminosas, un producto que crece bien sin humedad. «Ojalá llueva porque estamos luchando», dice. “Los cultivos con poca demanda de agua no son rentables para el agricultor, pero los plantamos solo para no dejar las parcelas sin sembrar”, añade López.

Los agricultores también son víctimas directas de la sequía. Joaquín Arizpe, presidente de la Unión Ganadera Regional de Coahuila, dice que ya se han reportado muertes de vacas como resultado de la hambruna, como en 1996 y 2011. Cuando no llueve, los agricultores no pueden plantar hojas para alimentar a sus vacas y deben reemplazar su dieta. con un suplemento proteico. También tienen que hacerlos caminar más kilómetros para llegar a los arroyos o cargarlos directamente en camiones para llevarlos a beber. Con las presas casi vacías, los costos suben y, en el peor de los casos, los recovecos terminan muriendo de hambre.

El pescador Mariano Tribuna observa el deterioro en la laguna Farallón en Veracruz.
El pescador Mariano Tribuna observa el deterioro en la laguna Farallón en Veracruz.Hector guerrero

La falta de investigación para desarrollar tecnologías de prevención y planes que eviten la escasez de agua en las represas es una de las principales razones por las que México está condenado a repetir su historia, según el investigador Martínez López. «Es fundamental entender cómo funciona nuestro sistema de agua para simular escenarios y prepararnos para la estación seca», señala. Para López, el agua que llueve en México debería ser suficiente si se almacena bien para evitar fugas en infraestructura deteriorada. Aunque se hizo una distinción entre aguas grises y negras, para depurar las primeras y reintroducirlas en el ciclo para uso agrícola. «La ciencia es una inversión, pero termina pagando por ella y devolviéndola a la sociedad», dice.

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