mayo 22, 2022

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Elecciones: una convención constitucional conjunta para un nuevo pacto social en Chile | Opinión

Elecciones: una convención constitucional conjunta para un nuevo pacto social en Chile |  Opinión
Un chileno ingresa a su voto en la elección de los redactores de la nueva constitución chilena.
Un chileno ingresa a su voto en la elección de los redactores de la nueva constitución chilena.Esteban Félix / AP

Chile vive un momento histórico, es la frase que se repite en los medios y en las redes sociales estos días. Y es cierto, nos encontramos en esos momentos en los que, en el contexto de una crisis multidimensional, el rumbo de nuestra historia puede cambiar profundamente, o quizás seguir el patrón de desarrollo en el que venimos. Y ese sentimiento de vivir en un momento histórico produce diferentes emociones, donde predomina la esperanza, luego de meses en los que el enfado y la indignación movilizaron a miles de chilenos en 2019 para pedir un cambio profundo al modelo de desarrollo y al sistema político.

Aunque durante mucho tiempo los estudios sobre política no incluyeron el campo de las emociones -por considerarlas irracionales- varios intelectuales le han dado relevancia en las últimas décadas. Robert Dahl (2006) afirma que el deseo de igualdad política es una premisa fundamental de la democracia, y las motivaciones de las personas para cambiar el status quo para lograr dicha igualdad política abarcan una amplia gama de emociones, desde el altruismo, la compasión, la empatía y la simpatía. , incluso envidia, odio, rabia e indignación. Por tanto, las emociones juegan un papel respetable en la política. Martha Nussbaum (2014) hizo la pregunta: ¿por qué el amor es importante para la justicia? Y señala que las emociones políticas, las hacia el público, son muy importantes para el desarrollo de las instituciones. Las emociones pueden servir como motor para crear instituciones adecuadas y mejorarlas. Además, cuando estos últimos encarnan las intuiciones y experiencias que transmiten las emociones positivas, facilitan la experimentación de esas mismas emociones.

Según los resultados de una encuesta realizada por Ipsos y Espacio Público en marzo de 2021, el proceso fundacional despierta emociones positivas en la mayoría de la población, siendo la esperanza (52%) la que logra mayor asociación entre los encuestados, seguida de la alegría (46 %). Asimismo, la académica Kathya Araujo dijo que el resultado del plebiscito, a pesar de haber votado la mitad de las listas electorales, refleja una inflexión de esperanza.

Y la esperanza está presente porque por primera vez en nuestra historia redactaremos una Constitución democrática e inclusiva, en una convención constitucional que será conjunta, con escaños reservados a los pueblos indígenas y participación de partidos políticos junto a los independientes. Llegar a este punto fue un viaje largo y no exento de dificultades. El actual proceso constituyente en Chile es el resultado de un amplio acuerdo social de cambio constitucional que se ha expresado en las luchas sociales desde 2006 y que tuvo su máxima expresión en octubre de 2019, donde protestas masivas y actos de violencia paralizaron al país por más de un año. mes. Este proceso también tiene un antecedente político. En 2016, la presidenta Michelle Bachelet convocó a la ciudadanía a un proceso constituyente basado en el diálogo con la ciudadanía que nos mostró la voluntad ciudadana de participar -más de 200.000 personas participaron en la deliberación- y una nueva agenda social que ya ha expresado el profundo cambio que vivimos como un país. Sin embargo, no se llegó a un acuerdo político por lo que estos diálogos con la ciudadanía se trasladaron a una deliberación en un órgano constituyente específico y, con el cambio de gobierno en 2018, se suspendió el proceso.

El amplio acuerdo político solo se materializó en noviembre de 2019, tras las movilizaciones sociales de octubre del mismo año. El Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución fue firmado por 11 de los 17 partidos con representación en el Congreso, lo que permitió alcanzar el quórum de 2/3 requerido por la reforma constitucional para convocar un plebiscito por el cambio constitucional. La ciudadanía ratificó la vía democrática con una participación del 51% en el plebiscito constitucional de octubre de 2020, donde el 80% aprobó la redacción de una nueva constitución a través de una convención constitucional.

Que la Convención Constitucional fuera inclusiva fue una segunda batalla de fuerzas sociales en el marco del debate legislativo. La legitimidad del proceso constituyente se juega no solo en la elección de los convencionales, sino también en el hecho de que este órgano es capaz de representar la diversidad y la posibilidad de cambio en que se basa la esperanza. En marzo de 2020 se aprueba la ley de igualdad de la Convención y en diciembre de 2020 se aprueba la ley de plazas reservadas a los pueblos indígenas. Estas innovaciones democráticas son las nuevas reglas del juego que permiten la inclusión de nuevos actores, y esto se ha reflejado en la gran cantidad de candidatos inscritos a la Convención Constitucional. Un estudio del Observatorio Nueva Constitución muestra que entre los 1.468 candidatos a 155 escaños, hay diversidad de perfiles, en los que el 77% de los candidatos no tiene experiencia política o pública previa. Los programas presentados por los candidatos a los Convencionales incluyen una nueva agenda, y vemos que el debate se orienta hacia una sociedad más justa, democrática e inclusiva.

Momentos antes de participar en mi mesa de votación, me abruma la emoción de que por primera vez me encontraré frente a una papeleta que verá un equilibrio entre candidatas y candidatos masculinos. Y recuerdo escuchar a mis abuelas contar sus historias de participación en el movimiento por el sufragio a principios del siglo XX, cuando la demanda era por el derecho al voto. Escuche los recuerdos de mi madre y mis tías sobre la dictadura, la lucha por la recuperación democrática y el papel de la mujer en ese proceso, para ampliar nuestros derechos y libertades. Recuerdo cuando nos pusimos la banda presidencial en 2006 y fuimos con mi hija a celebrar el triunfo de la elección de la primera presidenta de Chile en las calles. También reflexiono sobre el trabajo que hicimos junto a líderes sociales y políticos por la ley de cuotas en 2015., en un gobierno liderado por Michelle Bachelet, y por la igualdad lograda en 2020 tras una amplia movilización de organizaciones feministas y de mujeres. Y esto me llena de esperanza. Sabiendo también que los pueblos indígenas tendrán su propio voto verde y 17 escaños para representar sus ideas y propuestas en la Convención Constitucional.

Lo distintivo y significativo de este proceso es que nos corresponde a nosotros, los ciudadanos, definir ese futuro. En un par de días sabremos quiénes serán las 155 personas que nos representarán. Las Constituyentes tendrán el desafío de construir acuerdos para un nuevo pacto social, donde podrán establecer mecanismos de participación ciudadana durante la deliberación constitucional, y la transparencia necesaria para reconstruir la confianza. La democracia, como dice Martha Nussbaum, se construye con amor al bien, con la esperanza de un futuro mejor, como un muro contra el odio y la ira.

Pamela figueroa Es Doctor en Estudios Americanos, Académico de la Universidad de Santiago (USACH) y Coordinador Académico del Observatorio Nueva Constitución.