septiembre 28, 2022

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UNAM: La pandemia gobierna la plaga de las ardillas universitarias

UNAM: La pandemia gobierna la plaga de las ardillas universitarias
Una ardilla en los jardines de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Una ardilla en los jardines de la Universidad Nacional Autónoma de México.AN M

La pandemia de covida ha puesto fin a la plaga de ardillas que estaba en graves dificultades a la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, el campus español más grande del mundo. Y no se necesitaron escopetas ni modificaciones genéticas para cortar su reproducción. El coronavirus se encargó indirectamente.

La ardilla no solo corre, salta y vuela como loca, como decían los textos infantiles. En la UNAM anidaba en los lugares más insospechados, robaba bocadillos, celulares, todo lo que tenía a la mano y, como buen roedor, metía los dientes en el cableado que da Internet al campus, entre otras fechorías. Ha habido más de un accidente grave. La peste ya tenía los cabellos de los encargados del centro universitario.

México tiene dos estaciones, la seca y la lluviosa. En el primero, las ardillas perdieron población porque no pudieron encontrar suficiente comida, que luego recuperaron en el siguiente. En estas condiciones naturales entraban en celo una vez al año. Pero alrededor de 360.000 estudiantes están matriculados en la UNAM, recibidos por unos 40.000 profesores. Muchos de ellos se sientan en la hierba para comer y compartir sus provisiones con estos roedores. La solidaridad estudiantil incorrecta hizo que las ardillas ovularan hasta cinco por año, comieran y ovularan, comieran y ovularan. La población se ha convertido en una plaga. Por no hablar de las 40 toneladas de residuos que se generan al día, donde hasta las ardillas y otros animales encuentran una buena despensa. Todo terminó cuando la universidad cerró sus puertas para prevenir las infecciones por coronavirus.

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“El olor a insectos muertos empezó en algunas dependencias, porque muchos quedaron atrapados cuando se suspendieron las clases y se cerraron los edificios”, dice Guillermo Gil, jefe de flora y fauna de la Reserva Ecológica Pedregal de San Ángel, 237 hectáreas del total de 700 que conforman el campus de la UNAM. Y no más robos, sillones gastados, muebles de madera con marcas de dientes. «Si no se muerden los dientes, terminan matándolos», explica Gil. Y lo hicieron. Incluso devoraron parte de la cosecha de maíz prehispánica que las facultades guardaban en sus talleres. «En un estado sin intervención humana, uno o dos de cada seis cachorros han alcanzado la edad reproductiva, pero con la alimentación continua, la camada prosperará», agrega. Es por eso que los roedores se utilizan en los laboratorios, porque pueden llegar hasta cuatro generaciones en un año, lo que permite a los científicos avanzar rápidamente en sus líneas de investigación.

Imagen de una caricatura sobre la plaga de ardillas producida por la Reserva Ecológica Pedregal de San Ángel.
Imagen de una caricatura sobre la plaga de ardillas producida por la Reserva Ecológica Pedregal de San Ángel.AN M

La ardilla pierde su población, también de forma natural, cuando sale en busca de alimento y se encuentra con depredadores. Eso también había cambiado en la universidad. La plaga continuó. “La reproducción genera mucho gasto metabólico y prefieren lugares cálidos y ventilados, por eso anidan en lugares luminosos y con cableado eléctrico”, subraya Gil. En definitiva, habían encontrado nuevas formas de vivir y reproducirse golpeando los órganos centrales del servicio de internet que voltearon a la comunidad universitaria.

Palomitas de maíz, tortillas, maní y todo tipo de basura empaquetada llenan los estómagos de las ardillas urbanas, están por todas partes en México y son un problema en todo el mundo, incluso si las mantiene desnutridas. “Son lindos, pero es solo una rata con cola. Como todos los roedores, no es bueno tener intimidad con ellos, ni prestarles un plato, pueden transmitir enfermedades ”, advierte Gil. Las ratas con cola, al igual que las palomas, son ratas aladas, y su población, por cierto, ha sido parcialmente regulada por la pandemia.

“No puedes tomarlos y llevarlos a otro lugar, eso simplemente cambia el problema. La solución es dejar de alimentarlos, permitirles vivir con sus condiciones naturales ”. Eso es a lo que Gil se ha dedicado desde el comienzo de la pandemia, repartiendo volantes a los pocos miembros del personal que siguieron adelante, jardineros, equipos de mantenimiento, algunos maestros. Cree en la conciencia del boca a boca y no renuncia a su tarea, convencido de que si el alumnado vuelve y los hábitos persisten, el problema volverá a aparecer. Por ahora, la pandemia ha dado un respiro.

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