octubre 1, 2022

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Elecciones en Perú: el desempleo asusta más que el comunismo | Opinión

Elecciones en Perú: el desempleo asusta más que el comunismo |  Opinión
Pedro Castillo saluda a sus seguidores desde la sede de su campaña en Lima, Perú, el lunes por la noche.
Pedro Castillo saluda a sus seguidores desde la sede de su campaña en Lima, Perú, el lunes por la noche.ALESSANDRO CINQUE / REUTERS

La destrucción de la democracia en Venezuela y Nicaragua después de usarla para alcanzar el poder es motivo suficiente para temer que Pedro Castillo pretenda implantar un engaño similar en el Perú o se encamine hacia la dictadura del proletariado deseada por el leninismo de su partido, la primera demolición del institucionalidad actual. La aclimatación del despotismo electo es poco probable en los Andes porque la Asamblea Constituyente que cimentaría su desarrollo debe ser convocada con el consentimiento de amplias mayorías, de las que carece Perú Libre, para que refleje la pluralidad social. Castillo no los tiene, ni un movimiento similar al MAS, de Evo Morales, ni el PT, de Lula, lo apoya, ni puede convocarlo como durante la junta militar de Morales Bermúdez.

Las elecciones presidenciales han demostrado que las alarmas por la pérdida de libertades y derechos y el advenimiento de un totalitarismo represivo y ruinoso no han afectado a los millones de votantes ya arruinados por la pandemia y el desempleo. El 75% de los trabajadores peruanos son informales. El espantapájaros del comunismo no asustó al Perú de la vulgata marxista ni de la olvidada por el virreinato de Blasco Núñez. El crimen político y los ineptos en juego hicieron el resto en una nación de seis extraños presidentes para los reordenamientos de la segunda ronda.

Castillo prometió dejar la presidencia en 2026 si la ganaba. Al igual que Ollanta Humala, sería mejor que jurara ante notario para aclarar las dudas de los cuarteles, los inversionistas y, fundamentalmente, los demócratas: que firme la promesa en defensa de la democracia militar que también ha infundido sospechas desde que protagonizó la levantamiento militar.

El venezolano Carlos Rangel, divulgador del liberalismo, apoyó una revolución capitalista que premiaba el emprendimiento de los peruanos que bajaban de las montañas para abastecer el consumo de Lima, superando la acumulación de ordenanzas, prohibiciones y abusos. “¡Qué no harían estas personas si el sistema sociopolítico lo activara en lugar de castigar su espíritu emprendedor! Esta es la revolución que necesitamos en la región. ¡No, la revolución marxista estúpida y reaccionaria! ”.

Tu ensayo Del buen salvaje al buen revolucionario (1976), considerada la antítesis de Las venas abiertas de América Latina (1971), de Eduardo Galeano, denunció que el autoritarismo, el populismo, la idolatría estatal y la victimización nacionalista agravan en América Latina los males ya presentes en las sociedades precolombinas y coloniales y en las repúblicas del siglo XIX.

Medio siglo después, las verdades uruguayas sobre el desarrollo de Estados Unidos y Europa a costa del subdesarrollo del Tercer Mundo son dogmas en Castillo y los revolucionarios enraizados en la Teoría de la Adicción. Es hora de que también reflexionen sobre las verdades de Rangel para crear riqueza sin perder la libertad. De lo contrario, todo seguirá igual o peor.